En el año 79 d.C. los habitantes de Pompeya se vieron envueltos en una penumbra absoluta. La ceniza no solo cubrió sus ojos; fue el inicio de un entierro en vida que quedó para la posteridad. ¿Qué ocurrió en Pompeya en esas horas de oscuridad?
La erupción del Vesubio: 17 horas de piedra pómez, ceniza y techos derrumbados

El imponente estratovolcán Vesubio, ubicado en la región de Campania, despertó con una furia incontrolable durante dos días. La tragedia no solo aniquiló Pompeya, sino que también desapareció a Herculano, Oplontis y otras villas del golfo de Nápoles.
Los restos volcánicos sepultaron bajo más de cinco metros las casas, edificios, plazas, construcciones de Pompeya, junto con las mujeres, hombres, niños y mascotas que vivían allí. En las excavaciones se han hallado más de 1500 cuerpos. Los huecos que dejaron en la masa endurecida fueron rellenados con yeso, obteniéndose figuras que muestran a las víctimas en la postura exacta tal como los sorprendió la muerte.
A pleno día, se oscureció el panorama de una región. El único testimonio escrito descubierto hasta los momentos es el de Plinio el Joven. Este redactó dos cartas dirigidas al historiador Tácito, unos 25 años después de la erupción, para responder la solicitud de contar lo sucedido con su tío y su propia experiencia.
Plinio el Joven apenas tenía 17 años cuando presenció desde Miseno, a unos 29 kilómetros de Pompeya, la erupción del volcán. Este se encontraba acompañado de su madre y su tío Plinio el Viejo.

Alrededor de la 1 p.m., vio que se levantó sobre los cielos del Vesubio una nube negra. En su epístola VI, 16, menciona que (…) «su aspecto y forma se parecía a la silueta de un pino. Pues proyectándose en el aire, como un tronco larguísimo, se ramificaba». Más tarde, los científicos llamaron a esta fase “pliniana”, en su honor. Investigaciones recientes plantean que el estallido comenzó en el Vesubio una hora antes.
En esta primera fase, se pudo ver la columna eruptiva que se levantó a más de 33 kilómetros de altura y con ella la expulsión de piedra pómez —de hasta 270 cm de espesor—, ceniza volcánica y gases tóxicos. Esto ocasionó la destrucción de techos y el fallecimiento por aplastamiento e intoxicación de una parte de la población.
Según un estudio liderado por el vulcanólogo Claudio Scarpati, la ciudad de Pompeya quedó enterrada en una capa de material volcánico de aproximadamente de 3 metros de espesor. Pero, otros se libraron de este fatídico escenario al escapar en el comienzo de la primera fase de la erupción del volcán. Scarpati y su equipo de vulcanólogos mencionan que esta etapa tuvo una duración aproximada de 17 horas.
Otros científicos consideran que antes de los flujos piroclásticos hubo un terremoto que también dejó tapiadas a algunas personas. Ejemplo de ello, dos cuerpos encontrados durante las excavaciones en la Casa de los Castos Amantes. Estos fueron hallados con lesiones severas por el colapso de la estructura.
Los flujos piroclásticos que acabaron con los últimos sobrevivientes de Pompeya

Al caer la noche, el desastre entró en su fase más letal. Los flujos piroclásticos —avalancha de gases, cenizas y lapilli a temperatura extrema— recorrieron la región durante horas.
Al amanecer del segundo día, cuando la columna eruptiva se derrumbó, empezó a surgir el fuego abrasador de este material volcánico y terminó por acabar con la vida de los sobrevivientes de la noche.
El Vesubio continuó flameando durante la tarde, donde también los flujos piroclásticos interactuaron con el agua subterránea, generando oleadas piroclásticas con menor densidad, pero igual de ardorosas.
Muchos temblores y un tsunami acompañaron esta fase. Plinio el Joven, lo describe en su carta VI, 20:
«Pues los vehículos…, a pesar de que el campo era muy llano, tomaban las direcciones más opuestas y ni calzándolos con piedras podrían mantenerse quietos. Además veíamos el mar replegarse sobre sí mismo, como si lo rechazará el temblor de la tierra. Lo cierto es que la playa se había ensanchado, y que muchos animales marinos yacían secos sobre la arena.»
Ya llegada la noche el Vesubio dejó de rugir.
Plinio el Viejo navegó hacia el desastre para rescatar a su amiga Retina

El escritor y militar romano, Plinio el viejo, tuvo ante sus ojos un espectáculo natural; observó cómo el Vesubio empezó a erupcionar.
En la carta a Tácito, Plinio el Joven cuenta que, ante la conmoción y la curiosidad, su tío mandó a preparar un barco para llegar a ver más de cerca este fenómeno. Sin embargo, en los preparativos, recibió una nota de solicitud de ayuda de su amiga Retina.
Este cambió el objetivo de su viaje para no solo rescatarla, sino a cuantos pudiese en el camino.
Las cenizas y piedras rozaban las naves. Plinio el Viejo las desvió hacia Estabia para ir a casa de su amigo Pomponio, donde comió y después durmió profundamente, mientras temblaba, caían piedras y cenizas.
Plinio despertó y, junto a Pomponio y otros que iban con él, lograron huir con almohadas en la cabeza hacia la playa para encontrar una salida por el mar. Pero, no fue posible. Este cayó de súbito al suelo.
Se maneja la hipótesis de que fue muerte por asfixia. La ayuda a Retina no llegó.
Los temblores previos a la erupción que los pompeyanos dejaron pasar

En el año 62 d.C. un fuerte terremoto causó grandes daños en Pompeya y otras ciudades de la bahía de Nápoles. Le siguió otro pequeño en el año 64 d.C. Aún en el año 79, los habitantes de estas zonas estaban reparando lo que se destruyó hacía unos años.
Desde ese entonces, los movimientos telúricos fueron constantes, pero la gente fue adaptándose a ellos. Por eso los pobladores no se alarmaron cuando, cuatro días antes de la erupción, los temblores eran más frecuentes. No advirtieron el peligro inminente que les esperaba y los dejaría sin vida.
La gente que regresó a vivir entre las ruinas de Pompeya tras la erupción

Según el historiador Suetonio, y estudios realizados por investigadores, la ciudad de Pompeya se llegó a habitar después de la destrucción provocada por la erupción del Vesubio en el año 79 d.C.
Suetonio deja constancia de que el emperador Tito mandó a restaurar la región de Campania usando los recursos de quienes murieron y no dejaron herederos. Pero, debido a los grandes daños, se hizo poco y luego fue abandonada.
Los investigadores del Parque Arqueológico de Pompeya han realizado excavaciones en las que descubrieron asentamientos informales sobre las ruinas de la ciudad. Se cree que algunos habitantes sobrevivientes de Pompeya, al no adaptarse a otro sitio, volvieron para recuperar parte de sus enseres y restablecerse en el lugar. Asimismo, se le unieron otras personas que buscaban dónde recomenzar sus vidas.
Un ejemplo de ello, según el portal Pompeii, las Termas Moregine fueron utilizadas por personas luego de la erupción. Colocaron sobre la capa de ceniza volcánica losas de arcilla que les permitieron permanecer ahí durante un tiempo.
¿24 de agosto o después de octubre? La evidencia que cuestiona la fecha de la erupción

Las copias que se tienen de las cartas de Plinio el Joven mencionan que la erupción del volcán fue nueve días antes de las calendas de septiembre, es decir, el 24 de agosto del año 79 d.C.
Sin embargo, estudios arqueológicos recientes han encontrado frutos otoñales en sus excavaciones. Asimismo, algunas ropas gruesas que llevaban puesta algunas personas, las cuales quedaron grabadas en las figuras de yeso. Por otra parte, se han encontrado inscripciones hechas con carbón antes de las calendas de noviembre, es decir, del 17 de octubre.
Pompeya no es solo una ruina, es una cápsula del tiempo. El Vesubio la petrificó para la eternidad.
La ciudad que el fuego intentó borrar es ahora nuestro testimonio más vívido de que la historia, a veces, se escribe con ceniza.
