Si bien muchos detalles de la vida de la Roma de los césares se nos escapan hoy día y aún hay mucho que aprender y desentrañar, muy seguramente para los romanos el antiguo Egipto, sus pirámides y jeroglíficos, significaron no solo fascinación, sino un verdadero mar de incógnitas.
La influencia de los egipcios fue quizá más significativa sobre los griegos que sobre los romanos, aunque éstos asimilaron la cultura egipcia a través de su arquitectura, arte y religión.
Roma reconoció el valor de estructuras como el obelisco de 32 metros y 400.000 kilos de peso que sacó de Egipto para colocarlo en el Circo Máximo romano, asumiendo el reto de transportarlo a través del mar Mediterráneo y el río Tíber y, luego, erigirlo y cimentarlo para darle un puesto permanente en espacio abierto, trabajo que en su momento demandó de la participación de miles de hombres.
Inicios de Roma y Egipto enormemente distantes

Fue en el año 30 a.C. cuando Egipto se convirtió en una provincia romana más, pero, aunque la realidad de las dos grandes civilizaciones cruzó su existencia, tienen comienzos temporales muy distantes.
Mientras los inicios del antiguo Egipto se ubican alrededor del 3000 a.C., la antigua Roma se extendió desde su fundación tradicional en el 753 a.C. hasta la caída del Imperio romano de Occidente en el 476 d.C.
Y si hacemos caso a quienes aseguran que Roma fue fundada en el 753 a.C. y las enormes pirámides de Giza fueron levantadas entre el año 2575 y el 2465 a.C., los primeros romanos habrían venido al mundo 1700 años después de construidas esas maravillas.
¿En realidad sabemos qué tan antiguas son las pirámides de Egipto?

Sí. Los especialistas, mediante evidencia arqueológica, textos antiguos y métodos de datación, han establecido con buen margen de certeza que las pirámides de Giza fueron construidas entre el 2575 y el 2465 a.C., lo que sigue causando asombro tanto hoy como en la antigüedad.
- Fue el faraón Zoser quien, hace 4700 años, construyó la primera pirámide.
- Las pirámides reales dejaron de construirse en Egipto durante el Reino Medio, hacia el 1800 a.C. Aunque civilizaciones posteriores, como la de Kush en Nubia, erigieron pirámides mucho después, los faraones del Nuevo Reino —incluido Amosis I— ya no las usaban como tumbas.
Egipto fue propiedad de los romanos

Egipto fue, entre otras cosas, el gran proveedor de granos del imperio romano y se convirtió en su propiedad en el año 30 a.C. cuando murió Cleopatra.
Sin embargo, los inicios de la relación entre Roma y Egipto datan de antes de Cayo Julio César y Octaviano (quien, tras la muerte de Julio César, se convirtió en el primer emperador romano con el título de Augusto), con quien termina la República y comienza el Imperio.
Fue la dinastía griega llamada Ptolemaica la que gobernó a Egipto por casi tres siglos, hasta que, una vez derrotados Cleopatra y Marco Antonio, los romanos se hicieron con el poder.
Los romanos admiraban a los egipcios

Aunque Egipto se convirtió en provincia romana, el imperio admiró las condiciones naturales del paisaje egipcio tan diferentes a las suyas —el desierto y su imponente río Nilo— así como su cultura expresada en enormes pirámides y obeliscos, además del panteón de los dioses, la iconografía y el uso de escritura jeroglífica.
En Roma se difundió la llamada “aegyptiaca” a través de obras de arte con inspiración egipcia que los ricos del imperio llevaron a sus hogares como murales, mosaicos de suelo y vajillas de metal o cristal.
Muchas de las deidades romanas adoptaron imágenes egipcias en una suerte de hibridación religiosa.
¿Y qué legado nos dejaron los romanos?

Mucho. Heredamos de ellos avances en acueductos, baños públicos, urbanismo, sistemas educativos, derecho, organización de espectáculos y técnicas agrícolas, entre otros aportes fundamentales.
En conclusión, si bien los egipcios fueron más antiguos para los romanos que estos para nosotros, no hay duda de que hubo ganancia porque todos nos beneficiamos de grandes creaciones de mentes prodigiosas que cambiaron al mundo tanto en el antiguo Egipto como en el imperio romano.
