El análisis de ADN antiguo arroja nuevas pistas sobre las enfermedades que afectaron gravemente al Gran Ejército de Napoleón durante la campaña rusa de 1812
Napoleón Bonaparte reunió al ejército más grande, jamás visto, para invadir Rusia en 1812, pero no se imaginó que tendría enemigos invisibles que matarían a sus soldados.
Hoy, gracias al análisis de ADN antiguo, la ciencia ofrece nuevas perspectivas sobre las condiciones sanitarias y las enfermedades que afectaron al Gran Ejército durante la retirada de Rusia en 1812, complementando —no reescribiendo— la narrativa histórica ya establecida.
El gran objetivo fallido de Napoleón Bonaparte en la invasión rusa

Las relaciones de Francia y Rusia se vieron afectadas de manera paulatina. Napoleón, al descubrir una vía marítima de comercio ruso con Gran Bretaña (evidenciando su retirada del Sistema Continental), inició una campaña para invadir este territorio y así presionar al zar Alejandro I a retomar el bloqueo comercial.
Si Napoleón protegía a Polonia de una invasión rusa y hacía un movimiento rápido, garantizarían la victoria que le ayudaría a cumplir su objetivo. Así que para el mayor apoyo de esta, denominó la guerra «Segunda Guerra Polaca».
Reunió al Gran Ejército, compuesto por más de 600 000 soldados, entre ellos franceses y contingentes de diversos territorios europeos: Polonia, los estados alemanes (incluidos prusianos y sajones), el Imperio austríaco, Italia, los Países Bajos y otros aliados o estados satélites. Suecia, sin embargo, no aportó tropas al Gran Ejército en 1812, ya que mantenía una postura neutral y, de hecho, se alineaba más con la coalición antinapoleónica en ese período. No obstante, pocas de las tropas sentían afinidad por el emperador y su causa, servían por obligación, a excepción de los franceses y polacos.
Pero lo que inició como una gran empresa en junio de 1812 (verano), terminó siendo, en diciembre de ese mismo año, la derrota más grande del ejército napoleónico. De 600 000 quedaron poco más de 100 000 soldados maltrechos.
El hambre, el frío y los ataques sorpresivos por los cosacos y ejército campesino, debilitaron el cuerpo de defensa francés. Y sumado a todo ello, la propagación de enfermedades hizo de las suyas.
El caldo de cultivo de la estrategia rusa

El terreno de Rusia no era conocido por parte del ejército napoleónico y los grandes carruajes con las provisiones de comida no pasaban con facilidad, lo que desencadenó en que no llegase a tiempo la comida.
Otro factor que influyó de manera negativa fue la lluvia que hacía el terreno más fangoso e intransitable. Por lo tanto, quedaba sobrevivir, como ya estaban acostumbrados, con las provisiones de la tierra de las localidades que llegaban a tomar.
Pero el ejército y el pueblo ruso utilizaron la estrategia de tierra arrasada. Así que incendiaba las aldeas y/o ciudades y se retiraban; dejando todo destruido a su paso. Cuando las tropas de Napoleón llegaban al sitio, había poco o nada que comer.
Los combates en Smolensk y Borodinó también se cobraron la vida de un gran número de soldados tanto de Rusia como de Francia. La batalla en Borodinó dejó un saldo de 70 000 soldados fallecidos.
Más de cinco meses de insalubridad, con poca comida, en frente de batallas con los rusos, con frío; fueron los factores que generaron una cadena de enfermedades que disminuyeron las tropas de Napoleón. El médico francés del ejército, JRH de Kirckhoff, mencionó en su informe en 1812, que los soldados presentaban tifus, fiebre, disentería y diarrea a su llegada a Vilnius.
Sin embargo, los análisis recientes no detectaron ADN de Rickettsia prowazekii (agente del tifus epidémico) ni de Bartonella quintana (causante de la fiebre de las trincheras). Cabe señalar que la ausencia de evidencia genética no descarta por completo su presencia, ya que la degradación del ADN antiguo puede limitar la detección de ciertos patógenos.
Los pequeños enemigos del Gran Ejército que reveló la ciencia

Un estudio realizado por investigadores del Instituto Pasteur, la Universidad de París, la Universidad de Tartu y otras instituciones aliadas —dirigido por Nicolás Rascovan y Rémi Barbieri— reveló que la fiebre paratifoidea y la fiebre recurrente agotaron significativamente al batallón francés durante la retirada de Rusia en 1812.
El análisis de ADN se llevó a cabo con trece dientes de soldados encontrados en la fosa común de Vilna, Lituania. Este arrojó que cuatro de las trece muestras de individuos dieron positivo para Salmonella enterica perteneciente al linaje Para C —fiebre paratifoidea—, y dos muestras dieron positivas para Borrelia recurrentis —fiebre recurrente.
La Salmonella enterica reside, generalmente, en el tracto intestinal de animales y humanos, por tanto se transmite a través de alimentos o agua contaminados con heces infectadas. Sus síntomas más frecuentes son diarrea o estreñimiento, fiebre, cólicos estomacales, náuseas, vómitos, dolor de cabeza, sarpullidos. Esta sintomatología coinciden con lo reflejado en el informe del doctor JRH de Kirckhoff:
La diarrea era común entre nosotros en Lituania. Un poderoso factor que contribuía a esta enfermedad era que encontrábamos en casi todas las casas, desde Orcha hasta Wilna, grandes barriles de remolacha salada (buraki kwaszone), que comíamos y bebíamos el jugo cuando teníamos sed, lo que nos molestaba mucho e irritaba fuertemente el tracto intestinal.
Por otro lado, Borrelia recurrentis es un patógeno transmitido por el piojo del cuerpo (Pediculus humanus humanus). El piojo se infecta al alimentarse de una persona con fiebre. Los síntomas son fiebres recurrentes con dolores de cabeza, vómitos, dolores musculares, debilitamiento.
Estos piojos, que recorrían los uniformes de los soldados, debilitaron aún más a las tropas que ya sufrían por el frío, el hambre y la fiebre.
La vanguardia en estudios de ADN

Este estudio reciente de ADN ha empleado herramientas de vanguardia como KrakenUniq, BLASTN y MEGAN para la clasificación de ADN e identificar cepas antiguas y modernas de diversidades conocidas de Salmonella enterica y Borrelia recurrentis que permitieran ubicar el árbol genealógico bacteriano.
Este análisis metagenómico demostró que S. enterica ya se propagaba en Europa (se conocía en 1812), y la B. recurrentis, parece descender de cepas antiguas que se remontan a la Edad de Hierro.
La diferencia con los hallazgos anteriores se debe al método. Las nuevas investigaciones analizan el ADN antiguo en un aspecto más amplio, mientras que los estudios previos utilizaban el análisis de secuencias de los patógenos que se sospechaban estaban presentes.
Una muestra no concluyente

En 2001 se exhumaron 3.269 individuos de la fosa común de Vilna, Lituania, asociados al Gran Ejército de Napoleón Bonaparte en 1812. Los restos, aún vestidos con sus uniformes y enterrados junto a algunos caballos, no presentaban señales de heridas por arma blanca, lo que confirma que murieron a causa de enfermedades, frío y hambruna.
De más de 3000 cadáveres, solo fueron analizados trece muestras de soldados en este estudio, por tanto no puede declararse que fueron exclusivamente estas enfermedades las que acabaron con el ejército de Napoleón.
Los mismos investigadores, Nicolás Rascovan y Rémi Barbieri, coinciden en que el número de muestras del estudio fue limitado. Se ha dejado evidencias del hallazgo de la presencia de Salmonella enterica y Borrelia recurrentis en los restos de los soldados. Sin embargo, los científicos sostienen que para conocer las enfermedades epidémicas que contribuyeron con la debacle del ejército de Napoleón Bonaparte hay que continuar las investigaciones con el ADN antiguo de los restos de los soldados.
Las enfermedades infecciosas, junto con el frío extremo, la falta de suministros y la estrategia de tierra arrasada empleada por los rusos, fueron factores determinantes en el colapso del Gran Ejército. Los microorganismos fueron la consecuencia inevitable de las condiciones higiénicas y logísticas de la época.
La ciencia moderna sigue brindando nuevas perspectivas de cómo estos patógenos pueden llegar a cambiar el rumbo de la historia.
