Entre 1964 y 1970 la presidencia de México llevó el nombre de Gustavo Díaz Ordaz, mandatario 54 del país, cuyo gobierno tuvo marcados claroscuros como, por un lado, mantener elevadas las tasas de crecimiento económico y, por el otro, la masacre de la fatídica tarde en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968
El primer domingo de julio de 1964 se celebraron elecciones presidenciales en México. Gustavo Díaz Ordaz, candidato del PRI, obtuvo el 88,8 % de los votos frente a José González Torres, del PAN. Su victoria, amplia y contundente, se presentó como un respaldo a su promesa de preservar la unidad nacional ante un clima de creciente agitación social. En ese contexto, sectores gubernamentales y medios afines atribuían los desórdenes crecientes a la izquierda, sin profundizar en las causas que los motivaban—entre ellas, el creciente descontento frente a la exclusión política, las desigualdades económicas y la represión de las disidencias.
Número 1: El respaldo de Estados Unidos y la oposición interna a su candidatura

Para nadie era secreta la inclinación que Díaz Ordaz tenía por resolver los conflictos a través de la violencia, pero eso no fue impedimento para que el PRI lo eligiera como candidato a la presidencia en noviembre de 1963. Tenía el beneplácito del gobierno norteamericano, aunque muchos sectores populares mexicanos mostraban un profundo descontento ante la posibilidad de tenerlo como primer mandatario.
Considerando su tendencia derechista, el ala izquierdista del PRI lo veía inadecuado como representante del partido.
Número 2: El deterioro del campo mexicano por la importación de productos básicos

Hombres y mujeres del campo experimentaron en carne propia las consecuencias de la orientación económica que Díaz Ordaz imprimió al agro mexicano, una política que sumió a este sector en la miseria.
El agro venía presentando una interesante expansión en sexenios anteriores, pero en este se inició un significativo deterioro agrícola producto del descenso de la producción a causa de medidas como la importación de productos básicos.
Número 3: Éxodo rural: desempleo campesino y cinturones de pobreza urbanos

Sin mayores perspectivas en sus paisajes cotidianos, los campesinos enfrentaron un alto índice de desempleo y salieron a buscar el sustento, engrosando tan solo los cinturones de pobreza que rodeaban las principales ciudades mexicanas.
Su llegada a las urbes provocó el desplome de los salarios de miles de personas que trabajaban como obreros no calificados.
Otras consecuencias de esta situación fueron la aparición de células guerrilleras y las invasiones de tierras.
Número 4: La izquierda silenciada y la represión sindical

Mientras en el campo llovía, en las ciudades no escampaba; sin embargo, la izquierda no lograba articular una voz que resonara en el proletariado.
El gobierno de Díaz Ordaz reprimió a sindicatos que antes habían sido combativos, mientras el Congreso del Trabajo se alineaba con esas políticas y desconocía las demandas obreras.
Número 5: Una política educativa orientada a la productividad laboral

El discurso de posesión de Gustavo Díaz Ordaz mostró el camino que tomaría la educación durante su mandato: “Para el México contemporáneo resulta vital la educación orientada al trabajo productivo”.
En la capital del país, así como en Guadalajara, Toluca, Tabasco y Puebla se anunciaron cambios orientados a la vinculación de la educación con políticas de empleo, aprovechamiento de programas de capacitación técnica, la enseñanza inclinada a favorecer la producción y el fortalecimiento académico de la mano de obra.
Número 6: La reforma educativa de 1968: enseñar a pensar en lugar de instruir

En 1968, transcurridos cuatro años de su gobierno, el mandatario voltearía su mirada hacia la necesidad de que los niños fueran objeto de una enseñanza diferente que incluyera premisas como:
- La importancia de vincularse con otros en el trabajo y en la vida.
- No obligar sino explicar el porqué de las cosas.
- Los derechos de cada persona llegan hasta donde comienzan los de sus semejantes.
- No hay que buscar soluciones fáciles y temporales sino aquellas que perduren.
Diría Gustavo Díaz en ese entonces, aludiendo a una reforma educativa, “…la cual solo responde en parte a los apremios de nuestro tiempo y no se ha logrado aplicarla cabalmente”.
Número 7: Inversión extranjera sí, pero con control nacional de la banca y el petróleo

Díaz Ordaz, favoreció las condiciones para que la inversión extranjera —especialmente la de Estados Unidos— llegara a México, pero dejó en claro que la administración de la banca debía estar en manos nacionales.
Hizo lo mismo con sectores como la petroquímica al revocar contratos que Pemex (compañía estatal de petróleo) tenía con empresas extranjeras que permitían exploración, explotación y perforación en territorios como Puerto Real, Sontecomapan, Campeche y Veracruz.
Número 8: La Operación Gran Rastrilleo: el ejército contra los movimientos guerrilleros

La “Operación Gran Rastrilleo” fue un anuncio del presidente Díaz Ordaz para enfrentar levantamientos guerrilleros en Madero, Chihuahua y Guerrero.
Los historiadores señalan que, para lograr doblegar a los sublevados, el primer mandatario convirtió al ejército mexicano en una institución capaz de acciones brutales, derivadas de un estricto entrenamiento precisamente antiguerrillero, que tuvo como principal escenario la Costa Grande de Guerrero.
Para Díaz Ordaz, los extremistas no eran más que personas con ideas trotskistas y comunistas, y había que reprimirlos.
Número 9: La masacre de Tlatelolco: más de 350 muertos el 2 de octubre de 1968

En el gobierno de Díaz Ordaz se desarrolló un fuerte y estructurado movimiento estudiantil que demandaba mayor libertad civil y democrática.
La visión del presidente en esos momentos de convulsión ciudadana es que el desorden era una puerta abierta a la anarquía o la dictadura, y , por lo tanto, había que reprimirlo.
El 2 de octubre de 1968 se produce la llamada “Matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco” donde, según la CNDH (Comisión Nacional de los Derechos Humanos) de México, murieron acribilladas más de 350 personas.
Frente al repudiable hecho esta comisión señala: “La masacre del 2 de octubre fue cometida por el Ejército Mexicano y el grupo paramilitar Batallón Olimpia en contra de una manifestación pacífica.
Inicialmente, la presencia de este batallón en el lugar de los hechos fue negada por el presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz, quien encubrió a ese grupo con el argumento de que su función era custodiar las instalaciones para los Juegos Olímpicos”.
Número 10: La infiltración del Batallón Olimpia y el inicio de la balacera

Amas de casa, sindicatos, intelectuales, obreros, estudiantes universitarios, vocacionales y de preparatorias, entre otros, se habrían unido en un movimiento social que ocupó la Plaza para hacer público su cuestionamiento a políticas sociales y económicas del Estado.
Se conoció que miembros del Batallón Olimpia, vestidos de civil y portando un pañuelo blanco en su mano izquierda, se infiltraron en la manifestación para acercarse al edificio Chihuahua donde estarían la prensa y los oradores del evento.
Cerca de las 6 de la tarde, cuando el mitín estaba a punto de terminar, un helicóptero sobrevoló la Plaza de las Tres Culturas y disparó bengalas, señal para que los francotiradores del Batallón Olimpia abrieran fuego contra los asistentes.
El caos se desató y el resultado fue el señalado arriba, más de 350 personas fueron asesinadas en el lugar.
Número 11: Las demandas estudiantiles y la violación sistemática de derechos humanos

Ese fatídico 2 de octubre los estudiantes se pronunciaban contra la ocupación militar y policial de sus planteles e hicieron al gobierno de Díaz Ordaz varios anuncios y demandas puntuales como la libertad de presos políticos, destitución de algunos jefes policiales (con nombre y apellido) y mayores garantías democráticas.
La historia recuerda que ese día el gobierno mexicano violó varios derechos: a la vida, a la protección contra la detención arbitraria, la integridad personal, la legalidad, la libertad de expresión, la seguridad jurídica y, posteriormente la procuración de justicia de los agraviados y sus familias.
Número 12: El movimiento médico de 1964: residentes e internos en huelga por sus derechos laborales

Faltaban pocos días para que Gustavo Díaz Ordaz asumiera la presidencia. Era el 26 de noviembre de 1964 cuando comenzó un paro de residentes e internos médicos quienes no solo no recibieron su aguinaldo de 3 meses, sino que por su condición de becarios no fueron reconocidos como trabajadores del Estado, excluyéndolos del beneficio, a pesar de trabajar en un hospital escuela administrado por el Estado, como el “20 de Noviembre”, inaugurado en el gobierno de Adolfo López Mateus.
Ante los despidos masivos, el presidente entrante se encontró con una carta en la que los médicos jóvenes reclamaban:
- Recontratación de médicos que perdieron su empleo.
- Aumento de becas y conversión de las mismas en contratos de trabajo renovables.
- Contratación preferencial de antiguos residentes.
- Solución a los problemas que aquejaban a varios hospitales.
- Mayor acceso a la educación posgrado.
Número 13: Espionaje, difamación y el debilitamiento del movimiento médico

Díaz Ordaz enfrentó las protestas con represión y estrategias de inteligencia para espiar y difamar a los líderes médicos a través de la prensa oficial.
El movimiento médico fue deteriorándose por causa de divisiones internas y poco les valió la creación de la AMMRI (Asociación Mexicana de Médicos Residentes e Internos) que, finalmente, desapareció.
El gobierno prometió soluciones que no se dieron, pero este episodio sentó las bases para luchas posteriores por los derechos laborales de los médicos jóvenes en México.
Número 14: Crecimiento económico con desigualdad: las dos caras del desarrollo estabilizador

Díaz Ordaz es recordado por el crecimiento económico de México durante su sexenio, sustentado en el control fiscal y la sustitución de importaciones en el sector industrial.
Sin embargo, en el ámbito agrícola se produjo un deterioro significativo, en parte debido a la decisión gubernamental de importar alimentos básicos para contener los precios en las ciudades, lo que desincentivó la producción campesina.
Entre otras cosas su gobierno mantuvo una inflación menor al 5%, endeudamiento externo bajo, aumentó los índices de empleo formal, mostró crecimiento de la inversión extranjera, aunque también hubo dependencia de capitales foráneos y del petróleo.
Sin embargo, muy a pesar de estas condiciones, la distribución de la riqueza no fue equitativa, pues los beneficios llegaron más a los capitales privados y a las clases sociales favorecidas.
Número 15: Intolerancia dentro del gobierno: remoción de funcionarios disidentes

El sexenio de Díaz Ordaz se caracterizó por la mano dura, como lo hemos visto.
Así como reprimió a obreros, campesinos y líderes sindicales, estudiantes y médicos o líderes de la izquierda, el presidente fue poco o nada tolerante con sus colaboradores: removió a muchos funcionarios argumentando falta de disciplina, cuando en realidad existía una disidencia ética, profesional o política frente a decisiones gubernamentales cuestionables, incluidas violaciones a derechos humanos y políticas económicas contradictorias
Número 16: Control y censura de los medios de comunicación durante el sexenio

Durante el sexenio Diazordacista se priorizó la narrativa informativa oficial y la prensa de oposición experimentó los rigores de un gobierno que se negaba a aceptar la crítica de los medios de comunicación.
Así las cosas, Díaz Ordaz optó por:
- Usar la fuerza militar para limitar la información, especialmente después de los sucesos violentos de Tlatelolco.
- Controlar los suministros de papel periódico.
- Otorgar o revocar a discreción gubernamental las pautas publicitarias para emisoras radiales y canales de televisión.
- Los periodistas afines al gobierno tenían privilegios en la consecución de información.
Como consecuencia de estas medidas la prensa privada se autocensuró por miedo a ser objeto de agresivas medidas gubernamentales.
Número 17: El Metro y los Juegos Olímpicos: los logros opacados por la sombra de Tlatelolco

La inauguración del Metro de Ciudad de México en su primera línea, que conectó a Chapultepec con Zaragoza, le corresponde a Gustavo Díaz Ordaz quien, con esta obra, le dio un viraje positivo a la movilización de una gran urbe.
Por otra parte, la realización de los Juegos Olímpicos de 1968 le dio a México visibilidad y prestigio a nivel mundial.
Pero sin duda, y muy a pesar de estos logros significativos, la matanza de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco se mantiene en la historia mexicana como una gran mancha que causa horror.
Número 18: La muerte de Carlos Madrazo y las 2,272 monedas de oro

Carlos Madrazo, el expresidente del PRI y exgobernador de Tabasco murió en un accidente aéreo el 4 de junio de 1969, el vuelo 704 de Mexicana de Aviación se estrelló contra el cerro Tres Picos en la Sierra del Fraile, a 20 kilómetros de Monterrey, nunca esclareció la verdadera causa del accidente, lo extraño es que en esos momentos Carlos Madrazo organizaba un movimiento político para desafiar al partido. Se encontraron más de 2,000 monedas de oro entre los escombros y las grabadoras del aeropuerto llevaban más de un año sin funcionar, Las 79 personas a bordo murieron, incluyendo a Carlos Madrazo. Según el el Ing. Cuauhtémoc Cardenas el derrumbe del avión fue ordenado desde la presidencia.
Número 19: Las frases que revelan la mentalidad de Díaz Ordaz frente al poder

Hoy, 57 años después de la matanza de Tlatelolco, recordamos estas frases del presidente Díaz Ordaz que sirven de referente para ilustrar la manera como gobernó a México durante el sexenio que le correspondió:
- 1 de septiembre de 1968:
“No estamos dispuestos a ceder ante la presión en nada que sea ilegal o inconveniente, cualesquiera que lleguen a ser las consecuencias”.
- En referencia a las manifestaciones estudiantiles:
“La policía debe intervenir en todos los casos que sea absolutamente necesario; proceder con prudencia sí, pero con la debida energía”.
- Antes del 2 de octubre de 1968:
“Para cuidar los bienes supremos que me han sido confiados, sé que tendré que enfrentarme a quienes tienen una gran capacidad de propaganda, de difusión, de falsía, de injuria, de perversidad. Sé que, en cambio, millones de compatriotas están decididamente en favor del orden y en contra de la anarquía”.
- Informe de gobierno de 1969:
“Asumo íntegramente la responsabilidad ética social, jurídica política e histórica por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado”.
- Conferencia de prensa en 1977 (dirigida a un periodista joven):
“…de lo que estoy más orgulloso, de esos 6 años, es del año 1968, porque me permitió servir y salvar al país. Les guste o no les guste, con algo más que horas de trabajo burocrático. Poniéndolo todo, vida, integridad física, peligros, la vida de mi familia, mi honor y el paso de mi nombre a la historia. Todo se puso en la balanza. Afortunadamente, salimos adelante. Si no ha sido por eso, usted no tendría la oportunidad, muchachito, de estar aquí preguntando”.
