Luis Echeverría Álvarez (1922-2022) fue el 58º presidente de México, cargo que ejerció entre el 1 de diciembre de 1970 y el 30 de noviembre de 1976. Proveniente de una familia de clase media, logró ascender en la vida pública gracias a sus estudios y a su esfuerzo personal.
En 1945 se tituló como abogado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con una tesis sobre derecho internacional. Por aquellos tiempos también tuvo aspiraciones literarias y llegó a publicar algunos poemas, pero finalmente se inclinó por la política, ingresando a las filas del PRI, por el que siempre demostró lealtad.
Su gestión y figura han sido controversiales, incluso desde antes de ocupar la presidencia, cuando fue secretario de gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz. Justo entonces ocurrió el evento que marcó su carrera política: la masacre de Tlatelolco.
La masacre de Tlatelolco de 1968, el evento que unos dicen le gano la candidatura presidencial

2 años antes de iniciar su sexenio. En julio de 1968 tuvo lugar una disputa territorial entre los alumnos del Instituto Politécnico Nacional y la preparatoria privada Isaac Ochoterena, rivales por tradición. Como era de esperar, la policía antimotines se presentó, pero actuó con una violencia desmedida para ser solo una riña estudiantil.
En octubre iban a celebrarse los primeros juegos olímpicos organizados en un país de habla hispana. El presidente Díaz Ordaz quería dar una impresión de orden y estabilidad después de todo el esfuerzo y la inversión. Por entonces, Luis Echeverría era Secretario de Gobernación, el equivalente en otros países a un ministro del interior o un secretario de estado. Lo que no se esperaban era que los viejos rivales terminarían uniéndose en un movimiento social a gran escala y que el enemigo común sería el gobierno.
El movimiento estudiantil intentó utilizar el evento deportivo a su favor. Hicieron todo lo posible para que la prensa extranjera supiera de la represión y la falta de libertad, y las protestas arreciaron las semanas previas a la inauguración de los juegos.
Una marcha se llevó a cabo el 13 de septiembre, y para el 2 de octubre estaba planeado un gran mitin en la Plaza de las Tres Culturas, en Ciudad de México. Pero el gobierno veía estas acciones como un intento de hacer quedar mal a la nación ante el mundo, una traición a la patria.
Entonces, Díaz Ordaz dio la orden de desalojar la plaza y dispersar la manifestación, y Echeverría se encargó de organizar las acciones, desplegando al Batallón Olimpia. Estos, vestidos de civil, se infiltraron entre la multitud que marchaba y abrieron fuego, cosa que el gobierno negó más tarde.
Los manifestantes, en su mayoría estudiantes, profesores, intelectuales y vecinos del lugar, intentaron huir, pero el ejército bloqueó las salidas. Aunque algunas casas cercanas les ofrecieron refugio, las fuerzas militares realizaron una operación sistemática y detuvieron a quienes lograron alcanzar. Posteriormente, muchos fueron sometidos a interrogatorios y, en diversos casos, a prácticas de tortura.
Los historiadores creen que hubo entre 200 y 300 fallecidos, aunque la versión oficial aseguró que fueron 30 cuando mucho. La cifra real nunca se sabrá, porque los soldados se ocuparon de desaparecer rápidamente a los caídos, y mucha gente no denunció la desaparición de sus allegados por temor a las represalias. En cuanto a los juegos olímpicos, estos se iniciaron diez días después con una colorida ceremonia y fueron todo un éxito para la nación.
Lealtad a toda prueba, se convirtió en candidato en 1969

Luis Echeverría Álvarez se convirtió en candidato a la presidencia en 1969 mediante el método usual de la época: por nombramiento directo del mandatario saliente.
En efecto, el secretario de gobierno era hombre de confianza del presidente Ordaz, ya que tenían años trabajando juntos. Además, mostraba una lealtad inquebrantable al PRI y sus miembros aprobaron su manejo de los disturbios de 1968, considerándolo como el hombre idóneo para seguir manteniendo la hegemonía del partido.
Apertura fallida: El Halconazo

Durante su mandato, Echeverría intentó la apertura, sin embargo, seguía siendo el mismo hombre implacable. Esta vez, el 10 de junio de 1971, día de Corpus Christi, estaba pautada una marcha estudiantil en Ciudad de México para apoyar a los estudiantes de la Universidad de Nuevo León, quienes protestaban por violaciones a la autonomía universitaria y exigían un presupuesto justo.
Entonces, Echeverría les envió a los Halcones, un grupo paramilitar financiado por su gobierno para que los dispersara y así no tener que involucrar al ejército. Esto se supo tiempo después, tras numerosas investigaciones periodísticas, la apertura de antiguos archivos secretos y diversas filtraciones.
El hecho es que los Halcones atacaron a la multitud con palos, piedras y armas de fuego, obligando a los manifestantes a dispersarse. En el mejor de los casos, la policía no intervino para detener la agresión; en otros, bloqueó las vías de escape de quienes intentaban huir. Algunos testigos y sobrevivientes denunciaron posteriormente que varios heridos fueron perseguidos incluso hasta los hospitales a los que fueron trasladados.
El saldo fue varias decenas de fallecidos, aunque otras fuentes aseguran que hubo al menos 200. El gobierno negó toda participación; no obstante, a los pocos días, el jefe de la policía puso el cargo a la orden.
La guerra sucia: Terrorismo de estado

Para muchos era evidente que el autoritarismo no acabaría por las buenas. Como consecuencia, algunos disidentes formaron grupos armados en un intento de derrocar al gobierno. Este contraatacó persiguiendo a los guerrilleros y a cualquiera que simpatizara con ellos, pero no abiertamente, sino a través de desapariciones forzadas, torturas y ejecuciones sumarias.
Cabe destacar que el bando contrario también se valió de formas de lucha poco decorosas, por ejemplo, asaltando bancos para financiar sus operaciones (otros aseguran —pero es un dato por comprobar— que fueron financiados por la CIA para desestabilizar el país), secuestros y asesinatos, como el del empresario Eugenio Garza Sada. De este último, se ha especulado que el gobierno estaba al tanto de lo que planeaban, pero que no lo impidió, ya que tenía serias diferencias con el empresario.
El golpe al Excelsior en 1976

El Excelsior era el diario más influyente del país y crítico acérrimo del presidente. En 1976 un grupo, presuntamente financiado por el gobierno, tomó por la fuerza su sede y obligó a su director, Julio Scherer García y a su equipo, a abandonar las actividades.
El diario no cerró, pero sí cambió completamente su línea editorial. Scherer y sus colaboradores no se dieron por vencidos y fundaron la revista Proceso, en la que siguieron manteniendo una postura crítica mucho más focalizada, ganando numerosos adeptos entre la clase media, hartos de tanto autoritarismo.
El recibimiento en la UNAM: Fracaso de la reconciliación

Se podría pensar que Echeverría no regresaría a la UNAM tras los sucesos de 1968. Sin embargo, el 14 de marzo de 1975, casi al finalizar su período presidencial, visitó la universidad con la intención de inaugurar el ciclo escolar y reforzar su discurso de apertura y reconciliación.
Fue recibido por una multitud de estudiantes indignados que lo abuchearon y le lanzaron objetos, uno de los cuales lo alcanzó en la cabeza. Sus acompañantes lo retiraron rápidamente del recinto, y nunca más regresó a la UNAM.
Silenciando el rock

La presidencia instruyó a las grandes cadenas de radio y televisión a dejar de difundir la música de las bandas nacionales que participaron en el Festival de Avándaro en 1971. Echeverría consideraba que ese tipo de rock fomentaba actitudes contrarias al orden establecido. No obstante, las emisoras continuaron transmitiendo a artistas internacionales como The Beatles, The Rolling Stones y Led Zeppelin.
Se asumió que, al estar en inglés, sus mensajes no tendrían el mismo impacto subversivo entre la juventud mexicana. Ante esta censura, muchos músicos nacionales llevaron su trabajo a circuitos alternativos o clandestinos.
Telenovelas icónicas de la época

Televisa, dirigida por Emilio Azcárraga Milmo y generalmente alineada con el gobierno priista, produjo telenovelas que marcaron una era. Entre las más recordadas están Simplemente María, Mundo de Juguete y La hiena.
Sus tramas combinaban pasiones intensas, injusticias sociales, superación personal y finales morales en los que los personajes negativos recibían su merecido castigo, lo que contribuyó a su gran popularidad.
Trotamundos incansable y liderazgo tercermundista

Luis Echeverría fue uno de los presidentes mexicanos más activos en el ámbito internacional. En sus giras nacionales visitaba comunidades rurales para proyectar una imagen cercana al pueblo; en el extranjero, buscaba legitimidad tras las críticas por la represión del movimiento estudiantil.
Buscó posicionar a México como líder del llamado Tercer Mundo. En 1972, visitó la China de Mao Zedong y estableció relaciones diplomáticas con ese país. También viajó a la Unión Soviética, pero al mismo tiempo mantuvo contactos con el gobierno estadounidense, particularmente con el presidente Richard Nixon.
Asimismo, realizó numerosas visitas a países de América Latina, África y el mundo árabe, incluyendo Zambia, Argelia y Kenia.
Fundaciones Históricas: UAM y CIESAS

Aunque su relación con el estudiantado fue conflictiva, el gobierno de Echeverría impulsó la expansión de la educación superior, con un enfoque en la descentralización. Como egresado de la UNAM, el presidente valoraba la formación académica y las redes institucionales.
En 1973 se fundó el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), dedicado al estudio de la historia, la cultura y las dinámicas sociales de México. Al año siguiente, en 1974, se creó la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) como una alternativa a la UNAM y al IPN. Además, se fortalecieron universidades públicas en diversas entidades del país.
Un presidente constructor

Bajo el gobierno de Echeverría se construyó la Carretera Transpeninsular en Baja California Sur, lo que impulsó el desarrollo de una región hasta entonces aislada. También se edificaron acueductos para suministrar a zonas áridas y se promovieron centros turísticos como Cancún e Ixtapa-Zihuatanejo. Además, se amplió y modernizó la red hospitalaria del país.
El hallazgo del oro negro

Para financiar su ambicioso programa de desarrollo, el gobierno de Echeverría impulsó fuertemente la prospección petrolera. PEMEX, la empresa estatal creada en 1938, se modernizó y expandió bajo la dirección de Antonio Dovalí Jaime.
Hacia el final del sexenio, la situación económica era crítica. Sin embargo, se descubrieron importantes yacimientos de petróleo en el Golfo de México y en el sureste del país.
Ante este hallazgo, el gobierno consideró que la deuda externa podría ser manejada y solicitó nuevos préstamos internacionales tomando como garantía las futuras exportaciones de crudo. El problema fue que el endeudamiento creció más rápido que la capacidad de producción y exportación del petróleo.
El 51% del Capital: Presión a las multinacionales

El nacionalismo económico de Echeverría lo llevó a exigir que las empresas extranjeras operaran con al menos 51 % de capital mexicano. Además, se les presionó para que transfirieran tecnología y utilizaran insumos locales. Empresas como Coca-Cola y Pepsi adaptaron sus operaciones a estas nuevas normas, ya que el mercado mexicano era estratégico para ellas.
El fin del milagro: La devaluación del peso

En septiembre de 1976, el peso mexicano se devaluó de 12.5 a 22 unidades por dólar. Esta medida fue consecuencia de un elevado gasto público —destinado a infraestructura, educación y salud—, un creciente déficit fiscal, un fuerte endeudamiento externo y una expansión monetaria sin respaldo productivo.
Aunque el gobierno buscó sostener su modelo de desarrollo mediante recursos financieros internacionales, la economía entró en una crisis de confianza que culminó en la devaluación, poniendo fin al llamado “milagro mexicano”.
Convenio con el Fondo Monetario Internacional
A pesar de su retórica crítica hacia las potencias occidentales, el gobierno de Echeverría solicitó apoyo financiero al Fondo Monetario Internacional tras la devaluación del peso. El FMI aprobó un préstamo condicionado a ciertas medidas económicas, lo que marcó un precedente en la relación entre México y organismos financieros internacionales. En años posteriores, sus sucesores profundizaron esta dependencia.
Impulsor de los derechos de las mujeres

En 1974 se reformó el artículo 4º de la Constitución para establecer la igualdad jurídica entre mujeres y hombres. Al año siguiente, México fue sede de la Primera Conferencia Mundial de la Mujer, organizada por la ONU en el marco del Año Internacional de la Mujer.
Sin embargo, el gobierno intentó controlar la agenda del evento. Ante la posibilidad de que se denunciara la existencia de presas políticas, como las 20 detenidas en Santa Martha Acatitla, se infiltraron agentes encubiertos en la conferencia. A pesar de ello, la información salió a la luz.
La estrategia de los jóvenes tecnócratas

Aunque su relación con el movimiento estudiantil fue conflictiva, Echeverría integró a jóvenes profesionales a su administración. Él mismo asumió la presidencia a los 48 años. Entre sus colaboradores destacaron José López Portillo, su amigo personal, y Miguel de la Madrid Hurtado, quienes más tarde se convertirían en presidentes de México.
El voto de México en la ONU

El 10 de noviembre de 1975, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 3379, que declaraba al sionismo como una forma de racismo y discriminación racial. México votó a favor, en consonancia con su política exterior de no alineamiento y su apoyo a causas del Tercer Mundo, incluyendo la solidaridad con los países árabes.
Esta postura generó tensiones con Estados Unidos y con diversas comunidades judías internacionales. En respuesta, México emitió mensajes diplomáticos para precisar que su intención era condenar toda forma de racismo, sin dirigir un ataque contra el pueblo judío.
Entre los efectos señalados se mencionó una disminución en la afluencia de turistas norteamericanos hacia destinos como Acapulco y Cancún.
El primer presidente mexicano en recibir una orden de aprehensión

El 24 de junio de 2005, décadas después de su mandato, Luis Echeverría fue vinculado a proceso por su presunta responsabilidad en la Masacre de Tlatelolco de 1968, cuando era secretario de Gobernación. Dada su edad —83 años—, se le impuso arresto domiciliario. Sin embargo, la orden fue anulada poco después por cuestiones legales, incluyendo la prescripción de los delitos.
Desde entonces, Echeverría se mantuvo alejado de la vida pública hasta su fallecimiento en 2022, a los 100 años.
