Si hoy casi 4 de cada 10 mexicanos viven con obesidad… ¿por qué entre los aztecas era casi imposible engordar?
En la Tenochtitlan del siglo XV todo era distinto: se caminaba el día entero, casi no había grasas animales y hasta lo que ponías en el plato dependía de tu lugar en la pirámide social. Lo que comía un campesino no se parecía en nada a lo que llegaba a la mesa de un noble o un sacerdote.
Pero entonces… ¿existió alguna vez un azteca con sobrepeso? ¿Y quién podía darse ese lujo en una ciudad donde el cuerpo se ganaba a puro esfuerzo? Lo que dejaron escrito los cronistas es más raro de lo que imaginas.
¿Qué comían los aztecas que les hacía casi imposible engordar?

Si bien no contamos con registros que permitan cuantificar cuántas personas presentaban sobrepeso en el mundo mexica, la evidencia disponible indica que la obesidad no era un rasgo común en la población general.
La dieta cotidiana estaba basada casi por completo en productos vegetales de alto valor nutricional, como maíz, frijoles, chile, calabaza, nopal, amaranto y chía constituían la base alimentaria. Gracias al sistema de chinampas, existía una amplia disponibilidad de vegetales frescos, sin competencia de alimentos con azúcares refinados ni productos ultraprocesados.
A esto se sumaban otros factores determinantes, como la actividad física constante, acceso limitado a grasas animales y condiciones económicas que mantenían a gran parte de la población en niveles de subsistencia.
En conjunto, este entorno hacía poco probable la presencia de obesidad entre los sectores comunes, aunque no la excluía por completo en estratos con acceso privilegiado a excedentes alimentarios.
¿Quiénes eran los únicos aztecas que sí podían estar gordos?

Si llegaron a existir personas con sobrepeso en la gran Tenochtitlan, estas pertenecían a los sectores privilegiados. Una de las descripciones más citadas de los cronistas es la mesa de Moctezuma II, donde se servían diariamente decenas de platillos elaborados con aves, pescados, guajolotes, venados, frutas, salsas, tamales y bebidas de cacao procedentes de distintas regiones del imperio.
Esta abundancia reflejaba el acceso de la élite a los excedentes agrícolas y, sobre todo, a los bienes que las provincias entregaban como tributo, un elemento fundamental del sistema político mexica que no puede reducirse a una oposición simplista entre opresores y tributarios.
La población común, en cambio, vivía con una dieta más regular y ajustada a los ritmos del trabajo y la disponibilidad local, lo que hacía menos probable la presencia de sobrepeso fuera de los estratos altos.
¿Estaba gordo Moctezuma si le servían más de 300 platillos al día?

Pese a tener acceso a toda esa comida, Moctezuma Xocoyotzin nunca fue descrito como un hombre corpulento.
Las fuentes históricas más bien lo describen con una complexión delgada. Algunos cronistas incluso lo describen como una persona cenceña y de pocas carnes.
Sin embargo, esto no significaba que todos los nobles fueran delgados. En el caso de Moctezuma, y de la vasta población en general, había ideales culturales relacionados con el autocontrol y la moderación, como veremos a continuación.
¿Por qué para los aztecas comer de más era una falta vergonzosa?

En la cultura mexica la conducta no sólo se regulaba mediante leyes, sino también a través de los huehuetlatolli, unos libros en los que se transmitían discursos de generación en generación en la que los padres y ancianos educaban a sus jóvenes.
Dentro de estos textos era común historias sobre la moderación, el autocontrol y el rechazo a los excesos en general, con el objetivo de tener una conducta virtuosa, evitando a toda costa los comportamientos vergonzosos o desordenados.
El huehuetlatolli también hablaba sobre la gula y era vista como una falta de disciplina. Los textos dirigidos a los jóvenes insistían en la importancia de llevar una vida equilibrada y comer con moderación.
¿Por qué los aztecas podían castigar con la muerte emborracharse?

El abuso de bebidas alcohólicas también se veía de mala manera en la sociedad azteca.
Si bien el pulque tenía un lugar importante dentro de la cultura mesoamericana, su consumo estaba regulado con severidad. Esto quiere decir que los jóvenes tenían prohibido beberlo y no se permitía tomar hasta embriagarse.
En algunos casos, según fuentes históricas, los castigos incluían la pena de muerte si la embriaguez era pública o reiterada.
Los mexicas también relacionaron la embriaguez con la religión, teniendo a dioses del pulque como los famosos Centzon Totochtin o cuatrocientos conejos, los cuales representaban los diferentes estados de intoxicación.
¿Cuántas calorías quemaba un azteca al día sin caballos ni ruedas?

Además de una alimentación balanceada, los mexicas tenían un enorme gasto energético en comparación con las generaciones actuales. Lo cual explica la casi inexistencia de obesidad en aquellos tiempos.
A diferencia de otras civilizaciones alrededor del mundo, en Mesoamérica no había caballos, bueyes, mulas o camellos que pudieran ayudar con el arado de la tierra o el transporte de alimentos y mercancías.
Todas estas labores recaían sobre los humanos, para ser más específicos, los tamemes, que eran unos hombres entrenados para trasladar productos a largas distancias utilizando solamente su fuerza física.
Pero no solo los tamemes sufrían. Ya fuese un agricultor, comerciante o artesano, todos los trabajos eran físicamente exigentes.
En un lugar donde todos tenían que gastar miles de calorías al día para salir adelante, es comprensible que no hubiese tanta gente gorda.
¿Pasaban hambre los aztecas? La sequía de 1454 que obligó a vender hijos por maíz

Las hambrunas fueron episodios reales en la historia mexica. A pesar de contar con uno de los sistemas agrícolas más eficientes de su época, la cuenca de México era vulnerable a variaciones climáticas severas.
La crisis más conocida es la gran sequía de 1450–1454, cuando varios años consecutivos de malas cosechas provocaron una escasez aguda de alimentos. Las fuentes del siglo XVI registran que, en ese contexto extremo, algunas familias entregaron a sus hijos a pueblos de regiones más fértiles a cambio de maíz, como una estrategia desesperada de supervivencia.
Estos episodios no reflejan la norma cotidiana, sino los límites a los que podía llevar una crisis prolongada en un entorno lacustre dependiente de ciclos climáticos irregulares.
¿Por qué casi no había aztecas gordos y nosotros sí engordamos?
La evidencia disponible sugiere que el sobrepeso no era un rasgo común entre la población mexica. Las condiciones materiales —una dieta basada en vegetales, actividad física constante y un acceso limitado a grasas animales— hacían improbable su aparición en los sectores comunes.
Sin embargo, dentro de la élite política y sacerdotal, donde existía acceso regular a excedentes, banquetes y productos de alto valor energético como el cacao, es posible que algunos individuos presentaran mayor peso corporal. La variación, por lo tanto, no respondía a patrones generalizados, sino a diferencias sociales y económicas propias de una sociedad urbana y estratificada como la de Tenochtitlan.
Y quizá aquí conviene valorar que la combinación de alimentos frescos, carbohidratos complejos, fibra y un gasto calórico diario elevado no solo limitaba la obesidad, sino que constituía un indicador claro de salud corporal en ese contexto.
En contraste, nuestras dietas actuales —más densas en azúcares refinados y grasas, y acompañadas de un sedentarismo estructural— producen un escenario fisiológico completamente distinto. Entender esta diferencia ayuda a reconocer cómo el entorno alimentario y energético modela los cuerpos de cada época.
