A finales del siglo XVII una teoría científica cambió por completo la forma en que comprendemos el mundo. Se trata de la Ley de Gravitación Universal, publicada por Sir Isaac Newton en 1687. La idea de la gravedad como fuerza de atracción no era nueva, pues desde la Antigüedad pensadores como Aristóteles o Galileo Galilei ya la habían incorporado al lenguaje científico. Sin embargo, la teoría no alcanzaría su forma definitiva hasta la célebre anécdota de la manzana que inspiró a Newton. Ahora bien, ¿ocurrió realmente tal como suele contarse?
La manzana como símbolo del conocimiento: del Génesis a Newton

La metáfora de la manzana como agente de cambios en la historia humana no es nueva. De hecho, es la imagen más común para referirse a las transformaciones que ocurren por el uso del pensamiento humano, como bien lo vemos en el libro bíblico del Génesis, cuando, por morder una manzana, la humanidad tuvo acceso al conocimiento.
Pues bien, para Newton la manzana representa algo similar; el acceso repentino a un conocimiento o a la forma de explicarlo. No es un secreto que, desde la Antigüedad, los grandes pensadores intentaban entender por qué los objetos caían directamente al piso. Desde los antiguos griegos hasta la comunidad científica que rodeaba a Newton, esta interrogante permanecía en continuo debate.
Pero fue Newton a quien se le ocurrió que la fuerza de atracción entre el suelo y la manzana era lo mismo que mantenía a la Luna en el cielo; la fuerza de la gravedad. Y eso abrió el camino hacia una nueva forma de comprensión del mundo y del universo.
El testimonio de William Stukeley y el origen real del mito de la manzana de Newton

Como referimos, la interrogante por la gravedad ya existía antes de Newton; de hecho, la misma comunidad científica de la época se encontraba trabajando en ello. Pero si la manzana cayó en su cabeza, como todos escuchamos alguna vez, o en su taza de té, o la vio caer bajo los árboles, no es importante, al menos no tanto como el hecho de que la manzana efectivamente cayó al suelo.
Según el biógrafo de Newton, el arqueólogo William Stukeley, fue el mismo Newton quien le contó, mientras tomaban el té bajo los manzanos, que se encontraba en una situación igual a cuando pensó en la gravitación, al ver cómo una manzana caía de un árbol. Según el testimonio de Stukeley, publicado en la biografía Memorias de la vida de Sir Isaac Newton en 1752, la manzana sí existió, cayó al suelo y propició en el científico la interrogante clave: ¿por qué la manzana cae hacia el suelo y no hacia los lados, hacia arriba o al centro de la Tierra?
Newton contra Hooke: la disputa por la autoría de la gravedad

Es posible que una manzana hiciera pensar a Newton en su teoría de la gravedad. Sin embargo, en la misma época otros científicos ya trabajaban en el mismo objeto de estudio, como Robert Hooke, quien acusó a Newton de plagiar sus ideas sobre la gravedad.
Lamentablemente para Hooke, las ideas y la demostración o comprobación científica de estas son dos cosas distintas, y Newton logró ir más allá de una idea para demostrar, con base en cálculos matemáticos y formulaciones físicas, que “la fuerza ejercida por dos masas separadas por una distancia es directamente proporcional a sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia”. En términos simples, mientras más grandes sean los cuerpos y más cercanos estén entre sí, mayor será su fuerza de atracción.
El doble valor de la manzana: metáfora científica y prueba de autoría

Aunque en la historia de Newton y del pensamiento sobre la gravedad la manzana se ha convertido en un hecho casi pintoresco, su valor va más allá de una metáfora por dos aspectos. El primero sirve de ejemplo para comprender por qué los objetos caen en el mismo sentido, lo que lleva a la ley de gravitación universal.
El segundo permitió a Newton posicionarse sobre Hooke en el tiempo, haciendo ver, con su historia —ya fuese real o ficticia—, que el desarrollo y la comprobación científica de la idea de la gravedad sí fueron de él. Esto permitió sentar las bases de la física tal como hoy la conocemos.
¿En la cabeza o en el suelo? El mito escolar frente a la versión de Newton

La historia que nos narran en las clases de física y de historia de secundaria es siempre la misma: que a Newton le cayó una manzana en la cabeza y, con ello, tuvo la idea de la gravedad.
El lugar donde cayó la manzana se ha convertido en una especie de mito, como el de Eva y la manzana. Si Eva mordió la manzana y se la dio a comer a Adán importa tanto menos como dónde cayó la manzana de Newton: ¿en su cabeza o en el suelo?
Lo verdaderamente importante es que, en la historia de Newton —y narrada por él mismo a Stukeley, así como a otros familiares y amigos—, la manzana cayó en el suelo, no en su cabeza. En la historia de la creación, la manzana abrió la mente al pensamiento y al conocimiento, independientemente de quién la ofreció y quién la comió.
Lo que tienen en común ambas historias, además de la manzana en cuestión, es que dan origen a una forma de comprender el mundo. Eva y su manzana nos abrieron al conocimiento. Newton y su manzana también. Solo que a Newton le sirvió como ejemplo para explicar y comprobar científicamente lo que los grandes pensadores intentaron desde la Antigüedad; que la gravedad existe y es directamente proporcional a la masa y la distancia de los objetos, abriendo así el camino a científicos posteriores como Einstein, quien desarrollaría finalmente la teoría de la gravedad.
La manzana que cambió nuestra forma de ver el universo

A fines del siglo XVII una manzana cayó de un árbol y generó un revuelo a nivel científico. No por su caída, sino por su trayectoria. La misma trayectoria que pensadores antiguos habían notado en los objetos al caer; que van directamente al suelo en dirección vertical.
Esta manzana sirvió de ejemplo, metáfora y hasta prueba histórica a Newton para comprobar la existencia de la gravedad, su relación directamente proporcional al peso y distancia de los objetos y, por supuesto, su autoría de la base científica. Y aunque la historia de la manzana que cae no tiene fundamento científico, permitió comprender científicamente el universo tal como hoy lo conocemos.
