Junto a espadas y dragones, objetos mágicos y héroes de origen divino, los gigantes aparecen en todas las mitologías antiguas del mundo. ¿A qué se debe esta creencia tan persistente en seres antropomórficos colosales?
Entonces, como ahora, sin duda ocurrieron hallazgos fortuitos de enormes huesos. La explicación más lógica era que debieron pertenecer a los primeros habitantes de aquellos lugares, ya desaparecidos. Alrededor de esa creencia no tardaron en forjarse historias de civilizaciones extintas, pobladas por criaturas fantásticas y fuerza sobrehumana, que existieron fuera de todo control.
Se trata de una idea que era, y sigue siendo, sumamente seductora, porque a través de ella surge un pasado legendario y desconocido, junto a nuestros temores más profundos. Adentrémonos enseguida en el mundo de los gigantes de la antigüedad, para finalmente descubrir su legado en algunas de las sagas de fantasía contemporáneas más queridas.
Los reyes gigantes sumerios que gobernaron miles de años

Existe un antiguo registro de grandes reyes sumerios, conocido como la Lista Real, en la que aparecen los monarcas que gobernaron antes y después del gran diluvio. Se encuentra en forma de tablillas que datan de 2600 a.C. La tradición los describe como hombres de gran tamaño, dotados de una gran fuerza y poder, junto a una extraordinaria longevidad.
Sus reinados duraban miles de años, ya que estaban mucho más cerca de la divinidad que los hombres comunes. Ziusudra fue el último de estos grandes monarcas antes del diluvio, y quien salvó a la humanidad construyendo una gran barca, al igual que el Noé bíblico. Por ello, los dioses le otorgaron la inmortalidad. Tras el diluvio, la humanidad se “encogió” paulatinamente y fue perdiendo parte de esta conexión divina, a la vez que los mandatos se acortaron a solo cientos de años.
Las tablillas de la Lista Real están fragmentadas. El Museo Ashmolean de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, alberga la mayor parte, mientras que el resto se encuentra en distintos museos de Francia, Alemania, Turquía e Irak. Su contenido está traducido y digitalizado, así que actualmente cualquier persona puede consultar la lista en línea.
Nefilim, Anakim y Goliat: los tres tipos de gigantes bíblicos

La Biblia recoge muchos de los relatos mesopotámicos acerca de gigantes y diluvios, y los adapta a su visión monoteísta. En el Génesis aparece la primera mención de los Nefilim, criaturas de gran tamaño y fuerza excepcional, producto de la unión entre seres divinos y las “hijas de los hombres”. La Biblia jamás especifica exactamente la naturaleza de esos seres celestiales, tan solo afirma que sus descendientes llenaron a la Tierra de violencia, y que por ello Dios envió el diluvio universal para limpiarla y repoblarla con una humanidad mejor.
Más adelante se habla de los Anakim. Eran cananeos que no tuvieron parentela con los Nefilim, ya que eran completamente humanos, distinguiéndose únicamente por su gran estatura y fuerza sobrehumana.
En cuanto a Goliat, a quien David venció con su honda, no era Nefilim ni Anakim, sino un ser humano, parte del pueblo filisteo que posiblemente era oriundo del Egeo. Algunas fuentes aseguran que Goliat tenía una estatura aproximada a tres metros, mientras que otras dicen que solo eran dos; en todo caso, nunca fue tan alto como Og, el rey de Basán (actual Siria), otro gigante bíblico de quien se decía que rondaba los 3.5 metros.
Titanes, Cíclopes y Hecatónquiros: los colosos del Mediterráneo

En toda la zona del Mediterráneo era creencia común la existencia de una humanidad previa de gigantes. La mitología griega habla de Titanes, Gigantes y Cíclopes con un solo ojo. La primera generación de estos seres colosales fueron los hijos de Gea, la Tierra: Úrea y Ponto, aunque no eran exactamente criaturas, sino encarnaciones de fuerzas primordiales.
Luego hicieron su aparición los Titanes, hijos de Gea y Urano, dios del cielo: Crono, Tetis, Japeto, Hiperión y varios más. Posteriormente surgirían los Gigantes, nacidos de la sangre de Urano, a quienes los dioses, liderados por Zeus, encerraron bajo las montañas, como Encélado, Mimas y Polibotes. Si estos nombres le son familiares al lector, quizá se deba a que muchos objetos del sistema solar fueron bautizados con sus nombres.
Además de los Titanes, Gea y Urano engendraron a los cíclopes originales, que no guardan relación con Polifemo, el cíclope pastor que aparece en la Odisea. Lo que sí tenían en común era un solo ojo en medio de la frente. Y hay que mencionar asimismo a los Hecatónquiros, que sirvieron como guardianes de los Titanes cuando estos fueron encerrados en el Tártaro por Zeus y los demás dioses del panteón griego. Bajo el gobierno de Zeus, Gea también tendría a Tifón, su hijo más joven, el cual era capaz de desatar una fuerza colosal y monstruosa contra quien intentara arrebatarle el poder al padre de los dioses.
Los Quinametzin: los gigantes que Hernán Cortés creyó reales

Cuando en 1519 el expedicionario español Hernán Cortés y sus acompañantes se internaron en territorio mexicano, los nativos les narraron asombrosas historias sobre los antiguos y gigantescos habitantes que, debido a su maldad, fueron aniquilados por los dioses. Incluso, les ofrecieron pruebas de su existencia.
Según la cosmovisión náhuatl, los dioses crearon no una, sino varias humanidades antes de la actual. Los llamados “hombres de la era del Sol de Tierra”, los Quinametzin, habían precedido a los seres humanos actuales y construyeron grandes ciudades como Teotihuacán.
Los españoles, que sabían de los Nefilim, mostraron gran interés por estos relatos. Su asombro fue grande ante los huesos gigantescos que les enseñaron los nativos, como lo relata el soldado y autor de la época Bernal Díaz del Castillo. Convencidos, enviaron los huesos a España los cuales fueron considerados como una curiosidad.
En realidad aquellas tierras sí habían estado pobladas por gigantes en tiempos remotos. Se trataba de mastodontes, perezosos gigantes y gonfoterios, entre otros animales pertenecientes a la megafauna, llamada así por su gran tamaño. Como sus huesos abundaban y nadie tenía conocimiento de la ciencia fósil, no se les puede culpar por creer que eran los restos de hombres monumentales. Probablemente, los cíclopes griegos también tengan un origen similar; los cráneos de los mamuts que alguna vez caminaron por el Mediterráneo presentan una gran cavidad frontal por donde asomaba la trompa y que, a los ojos de un observador antiguo, parecía un gran ojo.
De Tolkien a Lovecraft: los gigantes que nunca se fueron

Los autores de fantasías más influyentes han tomado el mito de los gigantes, reinterpretándolo de diversas formas. A veces se los presenta como una humanidad antigua y salvaje, cercana a la extinción, como en el caso de George R. R. Martin en su saga Canción de Hielo y Fuego. Otras veces encarnan un reflejo de las fuerzas de la naturaleza, como los titánicos entes que moran en las Montañas Nubladas en El Hobbit, de J. R. R. Tolkien, bajo las cuales está el reino de los trasgos. Por su parte, H. P. Lovecraft también habla de seres colosales anteriores a la humanidad, en civilizaciones perdidas y entidades que existen desde tiempos remotos.
Así, desde las tablillas sumerias hasta estas obras modernas, los gigantes siguen siendo tan fascinantes ahora como lo fueron hace miles de años, a tal punto que todavía hay quienes siguen buscando evidencias de su existencia.
