¿Por qué en las elecciones presidenciales de 2004 los estadounidenses solo pudieron elegir entre dos hombres que habían jurado el mismo secreto dentro de un edificio sin ventanas en New Haven?
George W. Bush y John Kerry pertenecían a la misma fraternidad de Yale, y ninguno de los dos quiso hablar de ella. Se llama Skull and Bones, nació en 1832 en una universidad donde hasta hacía poco los alumnos eran sentados en el comedor según la posición social de su familia, y desde entonces ha admitido apenas a quince estudiantes por año.
Pero, ¿cómo logró un club universitario traspasar los muros de la academia? ¿Es una tradición estudiantil excéntrica, o el mecanismo por el que la élite estadounidense se reproduce a sí misma fuera de todo control democrático?
¿Qué es Skull and Bones?

Hasta 1767, los estudiantes de Yale eran clasificados en aulas y comedores según la posición social de sus familias, conviviendo en un entorno de elitismo extremo. Fue precisamente en esa cultura donde nació la fraternidad más hermética e influyente de la historia estadounidense: Skull and Bones.
Skull and Bones es una sociedad secreta para estudiantes de último año de Yale, fundada en 1832 por William Huntington Russell y Alphonso Taft en el contexto de un conflicto interno en la fraternidad Phi Beta Kappa. Se le conoce también como La Orden o La Hermandad de la Muerte.
Anualmente, en el Tap Day, se eligen quince líderes o atletas destacados que, al graduarse, se convierten en “patriarcas”. Su emblema es una calavera con huesos y el número 322, que refiere al fin de la democracia ateniense en 322 a.C. Sus miembros rinden culto a Eulogia, diosa de la elocuencia.
La Russell Trust Association, creada en 1856, gestiona sus activos, que incluyen su sede sin ventanas en New Haven, llamada “La Tumba”, y Deer Island en el río San Lorenzo.
Los rituales de iniciación: ataúdes, confesiones sexuales y calaveras besadas

Los rituales en “La Tumba” se centran en la mortalidad, obligando a los iniciados a yacer en ataúdes para reflexionar sobre la brevedad de la vida. En sesiones intensas, los neófitos deben confesar su historial sexual completo ante sus compañeros para forjar una lealtad inquebrantable.
En 2001, una grabación de Ron Rosenbaum reveló una ceremonia nocturna con asesinatos simulados, insultos y el rito de “besar la calavera”. La filmación incluyó parodias vulgares de abusos policiales y un elenco con figuras como Don Quijote y un Papa. Aunque exalumnos sugieren que son juegos inofensivos, los investigadores mantienen que son ritos tétricos y morbosos.
¿Quiénes son los miembros destacados de Skull and bones?

Miembros prominentes de Skull and Bones
Los integrantes adoptan apodos mitológicos o literarios, como “Thor” (W. Averell Harriman) o “Magog” (George H. W. Bush). La hermandad ha incluido a presidentes como William Howard Taft, George H. W. Bush y George W. Bush. En 2004, la influencia de la orden fue absoluta cuando ambos candidatos presidenciales, Bush y John Kerry, resultaron ser miembros de Yale y mantuvieron el secreto sobre la sociedad.
Otras figuras influyentes incluyen:
- Henry Luce y Briton Haden: Fundadores de la revista Time.
- W. Averell Harriman: Diplomático y fundador de Today (Newsweek).
- Henry Stimson: Secretario de Guerra de Roosevelt.
- McGeorge Bundy: Asesor de seguridad nacional de Kennedy y Johnson.
- William Donaldson (SEC) y Harold Stanley (cofundador de Morgan Stanley).
- Agentes de la CIA como James Jesus Angleton y Dino Pionzio.
El dinero fundacional ligado al tráfico de opio: la versión más difundida (y sus grietas)

Los cimientos económicos de Skull and Bones están directamente conectados con el narcotráfico internacional del siglo XIX. Su fundación en 1832 fue financiada por la inmensa fortuna de la familia Russell, involucrada en el contrabando de narcóticos durante las Guerras del Opio entre el Reino Unido y China.
En 1824, Samuel Russell, primo hermano del cofundador de la orden William Huntington Russell, fundó en Cantón la firma comercial Russell & Company. Para la década de 1830, esta empresa estadounidense competía agresivamente contra el monopolio británico de la Compañía de las Indias Orientales, contrabandeando toneladas de opio hacia el mercado chino.
En la junta directiva de esta corporación participaba Warren Delano Jr., abuelo materno del futuro presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt. La tesis de que William Huntington Russell utilizó esos recursos para capitalizar la naciente sociedad secreta proviene del investigador Antony Sutton y se ha repetido durante décadas, pero no existe documento alguno que lo demuestre: la Russell Trust Association, que administra el patrimonio de la orden, se creó en 1856, veinticuatro años después de la fundación.
El robo de la calavera de Gerónimo (1918) y la demanda de sus descendientes

Durante su formación militar en la Primera Guerra Mundial (1918-1919), miembros de la orden (incluyendo a Prescott Bush) habrían saqueado el sepulcro de Gerónimo para exhibir sus restos en La Tumba. En 1986, tras una carta anónima y una reunión en Nueva York con representantes de la orden, entre ellos Jonathan Bush, la sociedad entregó al líder apache Ned Anderson un cráneo que un forense determinó que pertenecía a un niño.
El 17 de febrero de 2009, veinte descendientes de Gerónimo demandaron a Skull and Bones, la Universidad de Yale y a Barack Obama exigiendo la repatriación de los restos según la ley federal de 1990. Pese a las dudas de expertos por inconsistencias en el relato de Bush, la autora Alexandra Robbins considera plausible el robo debido a la jerga en cartas internas y testimonios de estudiantes sobre el cráneo. La demanda fue desestimada.
La colección de cráneos robados: Pancho Villa, Martin Van Buren y la subasta de Christie’s

Mediante el “crooking” (la costumbre de robar recuerdos, placas o reliquias de otras sociedades o edificios del campus de Yale), la sociedad ha sido vinculada al robo de los restos del presidente Martin Van Buren y del revolucionario mexicano Pancho Villa.
El cráneo de Villa fue extraído en 1926 en Chihuahua; según las memorias de Ben Williams, publicadas en 1984, el mercenario Emil Holmdahl le habría contado que profanó la tumba porque un miembro de Skull and Bones le ofreció 25.000 dólares. Holmdahl siempre lo negó públicamente: fue detenido en su momento y liberado por falta de pruebas. Aunque la investigadora Alexandra Robbins sugirió inicialmente que la reliquia estaba en el edificio, luego se retractó.
Esta obsesión con los huesos saltó a la luz pública en enero de 2010, cuando la casa Christie ‘s retiró de subasta un cráneo humano real del siglo XIX usado como urna de votación por la orden, junto a un cuaderno de firmas de miembros (1832-1877).
La venta se canceló por una reclamación de propiedad, luego de que el Congreso Arqueológico Mundial denunciara el acto y señalara que el cráneo presentaba rasgos nativo-americanos protegidos por leyes federales.
El banco incautado por comerciar con la Alemania nazi (Prescott Bush, 1942)

Otro episodio sombrío involucra a Prescott Bush, quien fue director y accionista de la Union Banking Corporation (UBC) en Nueva York. Según archivos desclasificados, la UBC administraba intereses de Fritz Thyssen, industrial alemán que financió el ascenso de Hitler.
En 1942, el gobierno de EE. UU. incautó los activos de la UBC bajo la Ley de Comercio con el Enemigo. Pese a lucrarse de firmas ligadas al nazismo en plena guerra, Bush y su socio E. Roland Harriman no enfrentaron cargos penales.
La intervención federal no fue un gesto simbólico. Efectivamente, el Departamento del Tesoro congeló las cuentas y tomó control de la entidad tras determinar que la UBC actuaba como vehículo financiero de empresas alemanas estrechamente vinculadas al régimen nazi. La investigación reveló que el banco servía como fachada para operaciones de la Bank voor Handel en Scheepvaart, pieza clave del entramado empresarial de Thyssen.
Aun así, el episodio quedó rápidamente diluido en la burocracia de la posguerra. Los directivos estadounidenses, entre ellos Prescott Bush, recuperaron sus participaciones una vez finalizado el conflicto y continuaron sus carreras sin mayores consecuencias.
El caso ilustra cómo ciertos sectores financieros estadounidenses mantuvieron relaciones comerciales con intereses alemanes incluso después de que la guerra fuera un hecho consumado, y cómo la aplicación de la Trading with the Enemy Act fue, en ocasiones, más administrativa que punitiva.
Décadas excluyendo mujeres: la demanda de Buckley y el cambio de cerraduras (1991)

Durante casi 160 años, la hermandad excluyó a las mujeres, restringiendo el ingreso a hombres blancos y protestantes. Aunque incorporó a su primer miembro negro en 1965 y a un líder homosexual en 1975, el rechazo femenino persistió incluso después de que Yale se volviera mixta en 1969.
El conflicto estalló en 1991 cuando los miembros activos admitieron a siete mujeres. En represalia, la junta de exalumnos (Russell Trust Association) cambió las cerraduras de “La Tumba” para impedirles el paso, desatando un escándalo mediático. El ala tradicionalista, liderada por William F. Buckley, interpuso una demanda judicial para bloquear la apertura alegando que provocaría agresiones sexuales en las criptas. Sin embargo, tras una votación interna de 387 contra 327, la orden aceptó formalmente la entrada de mujeres en octubre de 1991, y las primeras integrantes fueron iniciadas en 1992. Este quiebre forzó a la sociedad homóloga Wolf’s Head a emular la medida poco después.
Influencia desproporcionada de la élite y los lazos con la CIA
La red de Skull and Bones mantiene un profundo vínculo con la política exterior y de inteligencia de EE. UU. Figuras clave de la CIA como James Jesus Angleton, William Bundy y Hugh Cunningham se formaron en la orden. Un ejemplo operativo fue Dino Pionzio, subjefe de la estación de la CIA en Santiago de Chile en 1970, que participó en la desestabilización del gobierno de Salvador Allende.
Esta influencia se extiende a entidades como Brown Brothers Harriman, el Council on Foreign Relations y la Fundación Ford. Además, su blindaje legal se consolidó en 1943, cuando una ley de Connecticut eximió a la Russell Trust Association de presentar informes corporativos públicos.
Más allá de los mitos conspirativos, la verdadera fuerza de la sociedad radica en su función como aparato de autorreproducción de la élite gobernante. Esto quedó en evidencia en las elecciones presidenciales de 2004, donde los ciudadanos debieron elegir exclusivamente entre dos de sus miembros: George W. Bush y John Kerry.
Amparados en juramentos de silencio, sus integrantes comparten una misma visión corporativa que les permite influir en la agenda global al margen de los controles democráticos.
