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    El multimillonario de EEUU que casi deja morir a su nieto por no pagar el secuestro, el caso del secuestro de John Paul Getty III

    By Fanny Zapatajunio 1, 2026 Contemporánea No hay comentarios
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    Era el nieto del hombre más rico de Estados Unidos, heredero de una de las mayores fortunas del siglo XX. Tenía dieciséis años, vivía entre clubes nocturnos de Roma y la prensa lo apodaba “el chico de oro”. Y una madrugada de julio de 1973, desapareció. ¿Qué hace el hombre más rico de Estados Unidos cuando secuestran a su propio nieto y piden 17 millones de dólares por él? ¿Por qué aceptó pagar exactamente 2.2 millones… y ni un dólar más?

    John Paul Getty III, el “Príncipe hippie” de Roma

     Nacido el 4 de noviembre de 1956, era nieto del magnate petrolero norteamericano John Paul Getty, fundador de Getty Oil Company, a quien la revista Fortune nombró como el hombre más rico de Estados Unidos en 1957.

    En 1959, el magnate envió a su hijo, John Paul Getty II junto a su esposa Gail Harris y sus cuatro hijos, a Italia, para que se hiciera cargo de sus negocios allí. En vez de eso, Getty II se dedicó a la vida bohemia y a los excesos, lo que derivó en la disolución de su matrimonio en 1964.

    La madre y los chicos permanecieron en Roma moviéndose entre el ambiente artístico y los activistas de izquierda. John Paul Getty III se codeó tanto con hijos de aristócratas como con dibujantes de cómics y artistas bohemios, y acabó siendo un muchacho rebelde.

    Bautizado por la prensa italiana como Il ragazzo d’oro, John Paul Getty III fue expulsado de la escuela a los dieciséis años y se dedicó a visitar clubes nocturnos frecuentados por hippies.

    Tenía inclinaciones artísticas, pintaba, fabricaba joyas e incluso incursionó como extra en algunas películas. Su novia, la fotógrafa alemana Gisele Schmidt, declaró que John Paul solía bromear con la idea de un autosecuestro para obtener dinero de su tacaño abuelo, aunque finalmente desistió de la idea.

    Entonces, la madrugada del 10 de julio de 1973, cuando salía de un bar, fue interceptado por unos hombres que lo golpearon y lo metieron a la fuerza en una furgoneta rumbo a la región montañosa de Calabria, donde lo mantendrían cautivo por cinco largos y terribles meses.

    Dos días después, la madre de Paul recibió una llamada de los secuestradores, quienes exigían un rescate de 17 millones de dólares y enviaron también una nota escrita por su hijo en la que él mismo confirmaba el secuestro.

    La señora Harris avisó a la policía, pero los agentes recibieron la denuncia con escepticismo. El muchacho tenía fama de rebelde, ya había desaparecido antes sin avisar y la familia Getty era conocida por sus conflictos internos. Además, en la Italia de la época ocurrían secuestros fingidos, por lo que las autoridades tendían a dudar ante denuncias de este tipo y consideraron la posibilidad de que no se tratara de un rapto real.

    El magnate que se negó a salvar a su nieto

    Alarmada, Gail se comunicó con su ex esposo, y este a su vez avisó a su padre. El magnate reaccionó con indiferencia, convencido de que el chico había fingido el secuestro y se quedaron de brazos cruzados, esperando que se cansara y volviera.

    En realidad, el muchacho sí estaba encerrado en las cuevas calabresas, encadenado a una estaca y en condiciones miserables. Solo Gail consideraba que su hijo podía estar en verdadero peligro y pasó semanas y meses rogando ayuda sin que nadie la escuchara. Mientras tanto, el viejo magnate, presionado por la prensa, declaró: “Tengo 14 nietos. Si pago un centavo ahora, tendré 14 nietos secuestrados”.

     Getty III encadenado: meses de encierro y un macabro envío

    En 1974, John Paul Getty III conversó extensamente con Charles Cox, periodista de la revista Rolling Stone. Cox relataría luego el trato cruel que los secuestradores le dispensaron al joven cuando vieron que la familia no respondía. Impacientes  por la falta de noticias, los delincuentes le mostraban los titulares de los diarios y le ponían la radio para que oyera la negativa de su abuelo a pagar. Incluso lo forzaron a jugar a la ruleta rusa.

    Por último, decidieron enviar una amenaza más contundente, cortando la oreja derecha del joven y un mechón de su cabello para enviarlos por correo al diario romano Il Messaggero. Amenazaron con que, de no llegar el dinero, seguirían enviando al muchacho en pedazos.

    Para colmo de males, una huelga del servicio postal retrasó en tres semanas la llegada del macabro paquete. Era el 10 de noviembre y John Paul Getty III ya llevaba 4 meses de cautiverio.

    La familia Getty regatea por la vida del joven heredero

    La boda de los papás de John Paul Getty III

    Solo entonces la familia comprendió que los secuestradores iban en serio. El padre del joven, John Paul Getty II, quien por entonces vivía en Londres, estaba sumido en la depresión y las drogas después de la muerte de su segunda esposa, la actriz Talitha Pol. El viejo Getty lo consideraba un fracasado.

    Pero cuando la noticia de la oreja cortada le dio la vuelta al mundo, el magnate sintió la presión del público, acusándolo de tacaño, así que tuvo lugar un intenso regateo con los secuestradores. Finalmente, se acordó un pago de 3 millones de dólares, de los cuales el abuelo accedió a pagar cerca de 2.2 millones, ya que según sus contadores, este era el monto máximo que podía deducir de sus impuestos. El resto lo prestó a su hijo John Paul Getty II con el 4 % de interés anual.

    El viejo Getty murió en 1976 por una insuficiencia cardíaca. Tenía 83 años y dejó una de las fortunas más grandes del mundo, buena parte de ella colocada en fideicomisos, así que los 800.000 dólares terminaron deduciéndose de la parte que le correspondió a John Paul Getty II.

    John Paul Getty III, al fin en libertad

    La entrega del dinero tuvo lugar el 12 de diciembre. El viejo magnate había contratado a J.S.H. Fletcher, un exagente del FBI, para que se encargara de la operación. Este condujo las bolsas con dinero —sacos repletos de liras italianas discretamente marcadas— por las sinuosas carreteras del sur de Italia. En un momento dado, recibió instrucciones de dejar las bolsas en una zona desolada de la autopista Roma-Nápoles, donde los secuestradores, escondidos entre la maleza, esperaban para recogerlo.

    Tres días después, una fría madrugada, liberaron al joven en la autopista de Salerno, cubierto por una delgada manta y con la cabeza vendada para cubrir la herida en la oreja.

    John Paul Getty III estaba desorientado y muerto de frío. Le habían arrancado la oreja sin anestesia, con una navaja, y la herida se había infectado, aunque los secuestradores le administraron antibióticos. A pesar de todo, echó a andar por la autopista hasta que vio las luces de una gasolinera. Allí le pidió ayuda a un camionero, quien de inmediato alertó a la policía y, una vez a salvo, pidió comida y cigarrillos.

    Getty III intenta rehacer su vida

    El muchacho fue llevado al hospital de Salerno para que le atendieran la herida y enseguida fue interrogado por la policía. Puede parecer despiadado, pero en estos casos, las primeras horas son cruciales para obtener pistas con las que atrapar a los malhechores.

    Tampoco faltaron los paparazzi apostados a la salida del hospital, pero Gail Harris consiguió llevarlo a un hotel donde lo registró con un nombre falso. Más tarde, le sugirió que telefoneara a su abuelo para darle las gracias, pero el magnate no se dignó responder.

    La recuperación no fue fácil y, de hecho, John Paul Getty III nunca lo logró. Sufría pesadillas recurrentes y se dejó crecer el cabello para ocultar la cicatriz de la oreja, aunque más tarde se sometería a una cirugía reconstructiva.

    Paul Getty III trató de recomponer su vida y al año se casó con su novia Gisele Schmidt. Su abuelo, que no estaba de acuerdo en que sus nietos contrajeran matrimonio antes de los veinte años, lo desheredó. El matrimonio tuvo un hijo, Balthazar, quien hoy en día es actor, aunque finalmente se separaron diecinueve años después.

    El trágico final de John Paul Getty III

    Paul Getty III nunca superó el trauma de su secuestro y terminó recurriendo al alcohol y las drogas para mitigarlo. La sombra de la sospecha sobre su participación jamás se desvaneció, y el temor de que volvieran a llevárselo arruinó su vida.

    En 1981, mientras visitaba a unos amigos en Los Ángeles, ingirió una sobredosis de metadona, alcohol y Valium que le causó un derrame cerebral y una insuficiencia hepática. Su cerebro estuvo privado de oxígeno, causándole parálisis, ceguera e imposibilidad de hablar por el resto de sus días. Su madre, Gail Harris, se hizo cargo de su cuidado, pero el padre, John Paul Getty II, se negó a pagar los gastos médicos, de modo que ella lo demandó. Después de una amarga batalla legal, el juez ordenó a Getty padre que pagara las facturas.

    De esta forma, John Paul Getty III se convirtió de nuevo en prisionero, esta vez, de su propio cuerpo, si bien logró recuperar algo de autonomía con los años. Pasó tres décadas comunicándose con las pocas palabras que conseguía articular y con miradas.

    Murió en su residencia inglesa en febrero de 2011, a los 54 años, con su madre Gail a su lado. El dinero del secuestro no se recuperó y los principales cabecillas de la banda ‘Ndrangheta, responsables del crimen, jamás fueron atrapados. Hoy en día controlan gran parte del tráfico de cocaína en Europa.

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