Durante cuatro años, la Gran Guerra pareció un conflicto imposible de resolver. Millones de soldados morían en trincheras embarradas mientras el frente occidental apenas se movía unos pocos kilómetros. Incluso batallas gigantescas como Verdún o el Somme, pese a su escala y a sus pérdidas catastróficas, no lograron romper el estancamiento.
Para 1918, Europa estaba agotada. Pero nadie imaginaba que el final llegaría tan rápido. En apenas cien días, una cadena casi ininterrumpida de ofensivas comenzó a destruir todo lo que había mantenido en pie a Alemania durante cuatro años.
Ese período fue conocido como la Ofensiva de los Cien Días, porque logró lo que años enteros de guerra de trincheras no habían conseguido: imponer una presión continua que Alemania ya no podía sostener.
8 de agosto de 1918. La Batalla de Amiens: el “Día Negro del Ejército Alemán”

La Ofensiva de los Cien Días comenzó el 8 de agosto de 1918 con la Batalla de Amiens, lanzada por fuerzas británicas, australianas, canadienses y francesas.
El ataque sorprendió completamente a los alemanes. Los Aliados utilizaron una combinación masiva de tanques, artillería, aviación e infantería coordinada que logró romper rápidamente las líneas defensivas.
El avance aliado fue tan exitoso que el general alemán Erich Ludendorff describió el 8 de agosto como “el Día Negro del Ejército Alemán”. Miles de soldados fueron capturados y numerosas unidades comenzaron a rendirse o retirarse. La batalla marcó el inicio del colapso militar alemán en el frente occidental.
12 de septiembre de 1918. La Batalla de Saint-Mihiel: la primera gran ofensiva independiente de Estados Unidos

Pocas semanas después comenzó la Batalla de Saint-Mihiel, dirigida principalmente por fuerzas estadounidenses bajo el mando del general John J. Pershing. Esta batalla le mostró al mundo el creciente peso militar de Estados Unidos dentro de la guerra europea.
Fue la primera gran operación independiente realizada por el ejército de Estados Unidos durante la guerra, en donde más de medio millón de soldados estadounidenses participaron en la ofensiva junto a fuerzas francesas.
El objetivo era eliminar el saliente alemán de Saint-Mihiel, una posición defensiva ocupada desde 1914. El ataque avanzó más rápido de lo esperado y logró capturar miles de prisioneros alemanes.
26 de septiembre de 1918. Comienza la Ofensiva del Mosa-Argona: la batalla más grande en la historia militar de EE.UU.

El 26 de septiembre comenzó la Ofensiva del Mosa-Argona, considerada la operación militar más grande en la historia de Estados Unidos hasta ese momento.
La ofensiva involucró a 1,2 millónes de soldados estadounidenses y se desarrolló en una región extremadamente difícil, llena de bosques, colinas y posiciones defensivas alemanas fortificadas.
Las descripciones y relatos de aquella época nos hablan de combates particularmente duros, con enormes bajas y avances lentos. Aun así, la presión constante terminó debilitando seriamente las defensas alemanas.
La batalla continuó hasta prácticamente el final de la guerra y se convirtió en una de las operaciones decisivas de la ofensiva aliada.
29 de septiembre de 1918. El día bisagra: se rompe la Línea Hindenburg, Bulgaria se rinde y Ludendorff exige el armisticio

El 29 de septiembre de 1918 se transformó en uno de los días más críticos de toda la guerra.
En el frente occidental, fuerzas británicas, australianas y estadounidenses lograron atravesar partes clave de la Línea Hindenburg durante los combates del Canal de St. Quentin. Esa línea defensiva era considerada la principal barrera alemana en Francia.
El mismo día, Bulgaria firmó un armisticio con los Aliados y abandonó la guerra, convirtiéndose en la primera potencia central en rendirse.
La situación militar se volvió tan grave que Ludendorff informó al gobierno alemán que la guerra ya no podía ganarse y exigió iniciar negociaciones de armisticio inmediatamente.
A partir de ese momento, el colapso alemán comenzó a acelerarse rápidamente.
8-10 de octubre de 1918. Segunda Batalla de Cambrai: el frente alemán se rompe en campo abierto

A comienzos de octubre de 1918, los Aliados continuaron presionando las posiciones alemanas durante la Segunda Batalla de Cambrai, una nueva ofensiva que profundizó todavía más el colapso defensivo del Imperio alemán.
Las fuerzas británicas y canadienses siguieron rompiendo el frente alemán mientras el ejército alemán se retiraba progresivamente hacia el este. Después de semanas de ofensivas constantes, las defensas que durante años habían sido consideradas prácticamente imbatibles comenzaban a desmoronarse en varios puntos del frente.
El avance aliado permitió recuperar importantes ciudades, rutas de suministro y posiciones ferroviarias fundamentales para las comunicaciones alemanas. Cada retirada obligaba al ejército alemán a abandonar más territorio y debilitaba todavía más su capacidad para reorganizar nuevas líneas defensivas.
Para entonces, el deterioro militar alemán ya era evidente en gran parte del frente occidental. Muchas unidades sufrían agotamiento extremo, escasez de suministros, pérdidas constantes y una caída cada vez más visible de la moral. Después de cuatro años de guerra, el ejército alemán empezaba a mostrar señales claras de colapso.
30 de octubre. 3 de noviembre de 1918. El derrumbe de los aliados de Alemania: el Imperio Otomano y Austria-Hungría se rinden

Mientras el frente occidental colapsaba, los aliados de Alemania comenzaron a abandonar la guerra uno tras otro.
El 30 de octubre de 1918, el Imperio Otomano firmó el Armisticio de Mudros, poniendo fin oficialmente a su participación en el conflicto. Las condiciones permitían a los Aliados ocupar posiciones estratégicas clave, controlar importantes rutas y acceder a distintos puntos militares del imperio. Según las fuentes, el acuerdo marcó el comienzo de la desintegración definitiva del Imperio otomano después de siglos de existencia.
La situación se repitió pocos días más tarde en Europa central. El 3 de noviembre, Austria-Hungría firmó el Armisticio de Villa Giusti con Italia tras sufrir graves derrotas militares y una crisis política cada vez más profunda.
Para entonces, el Imperio austrohúngaro ya estaba prácticamente derrumbándose desde dentro. Diversos movimientos nacionalistas comenzaron a proclamar independencias mientras distintas regiones de la monarquía dejaban de reconocer la autoridad central. Al mismo tiempo, el ejército sufría desorganización, deserciones y una rápida desintegración de sus fuerzas.
Con Bulgaria fuera de la guerra desde septiembre, y ahora también sin el apoyo del Imperio otomano ni de Austria‑Hungría, Alemania quedó prácticamente aislada frente a los Aliados.
3-11 de noviembre de 1918. La Revolución Alemana, la abdicación del Káiser y el Armisticio de Compiègne

Mientras las derrotas militares se acumulaban, Alemania comenzó a entrar en crisis interna.
A principios de noviembre estallaron motines navales y protestas revolucionarias en distintas ciudades alemanas. La situación política se deterioró rápidamente y el movimiento revolucionario empezó a extenderse por el país.
El 9 de noviembre, el canciller Max von Baden anunció por su cuenta la abdicación del káiser Guillermo II, sin que este hubiera dado su consentimiento. Guillermo huyó a los Países Bajos al día siguiente y no firmó su abdicación formal hasta el 28 de noviembre. Ese mismo 9 de noviembre fue proclamada la república alemana.
Dos días después, el 11 de noviembre de 1918, representantes alemanes firmaron el Armisticio de Compiègne con los Aliados dentro de un vagón de tren en Francia.
El acuerdo entró en vigor a las 11 de la mañana. Después de más de cuatro años de guerra, los combates finalmente terminaron.
La Ofensiva de los Cien Días había destruido, en apenas unos meses, el conflicto que había mantenido atrapada a Europa desde 1914.
