Se trataba de las dos fuerzas revolucionarias más populares del momento: la División del Norte, bajo el mando de Pancho Villa, y el Ejército Libertador del Sur, liderado por Emiliano Zapata. No obstante, detrás de este desfile histórico se ocultaban complejas alianzas políticas, diferencias de proyecto y una coalición que duraría apenas unas semanas, además de anécdotas tan curiosas como el día en que Villa se sentó en la silla presidencial.
¿Por qué Venustiano Carranza huyó y dejó la capital libre para Pancho Villa y Emiliano Zapata?

Para comprender la irrupción de los ejércitos populares en la capital, es necesario retroceder a los sucesos de finales de 1914. Después de la caída de la dictadura de Victoriano Huerta, las distintas facciones revolucionarias se reunieron para definir el rumbo político de la nación en la Soberana Convención de Aguascalientes.
Sin embargo, este organismo no reconoció a Venustiano Carranza como Primer Jefe de la Revolución. Ante su negativa a ceder el mando, Carranza abandonó la Ciudad de México en noviembre de ese año, trasladando su gobierno y al ejército constitucionalista hacia Veracruz.
Esta retirada generó un vacío de poder absoluto, allanando el camino para que las fuerzas combinadas de Francisco Villa y Emiliano Zapata tomaran la ciudad, respaldando a Eulalio Gutiérrez, quien fue el presidente designado por la Convención.
Pancho Villa y Emiliano Zapata se conocen en persona por primera vez en Xochimilco

A pesar de ser los caudillos más influyentes del país, Zapata y Villa no se habían conocido en persona hasta el 4 de diciembre de 1914, a las afueras de la capital, en Xochimilco. La reunión, celebrada en una modesta casona, presentó un notable contraste de caracteres. Zapata, de temperamento reservado, vestía un elegante traje de charro; mientras que Villa, de carácter extrovertido e impulsivo, lucía su uniforme militar de campaña.
En un intento por romper el hielo, el caudillo sureño ofreció coñac a su homólogo. Aunque Villa evitaba el alcohol y prefería bebidas sin graduación, aceptó la copa por cortesía. El resultado fue que el general del norte terminó por atragantarse con el licor y solicitar agua de inmediato, lo que desató la risa de los presentes.
El Pacto de Xochimilco: lo que Pancho Villa y Emiliano Zapata acordaron contra Carranza

El encuentro del 4 de diciembre trascendió lo social, puesen ese lugar se formalizó el Pacto de Xochimilco, una coalición militar y política que definiría el destino inmediato de México. En dicho acuerdo, Villa se comprometió a respaldar el Plan de Ayala, impulsado por el movimiento zapatista, garantizando la restitución de tierras a los campesinos del sur.
A cambio, Zapata se comprometió a combatir a Venustiano Carranza junto a la División del Norte, mientras que Villa se obligó a suministrar armas, parque y pertrechos a las fuerzas del sur. Asimismo, ambos líderes acordaron no aspirar a la presidencia de la República, delegando esa responsabilidad en civiles capacitados.
Consolidado el pacto, más de 50,000 hombres armados se prepararon para desfilar por el corazón de la nación.
50,000 soldados de Pancho Villa y Emiliano Zapata desfilan por la Ciudad de México

El domingo 6 de diciembre de 1914, la Ciudad de México fue escenario de uno de los desfiles militares más multitudinarios de su historia. Con Emiliano Zapata y Francisco Villa a la vanguardia, los 50,000 soldados marcharon durante horas desde Chapultepec, por el Paseo de la Reforma y la avenida Juárez, hasta la Plaza de la Constitución, donde el presidente convencionista Eulalio Gutiérrez los recibió desde el Palacio Nacional.
Allí avanzaban los temibles “Dorados” de Villa a caballo, seguidos por la artillería pesada y la célebre brigada médica de la División del Norte. También participaban los regimientos campesinos de Morelos, portando estandartes con la imagen de la Virgen de Guadalupe.
El miedo de los ricos de la capital ante la llegada de los zapatistas y villistas

Naturalmente, este despliegue de fuerza generó alarma entre la burguesía y la aristocracia de la capital. La prensa atacó durante meses a los zapatistas, calificándolos de “Atilas del Sur” y describiéndolos como hordas salvajes dedicadas al saqueo y al incendio. Las familias adineradas cerraron sus negocios de inmediato para atrincherarse en sus residencias. No obstante, para sorpresa general, el comportamiento de las tropas campesinas fue ejemplar.
En lugar de arrasar la urbe, los soldados caminaban pacíficamente por las calles, solicitando pan o alimentos de puerta en puerta y pagando su consumo con los billetes revolucionarios, conocidos coloquialmente como “sábanas”.
Qué comieron los soldados de Pancho Villa y Emiliano Zapata al tomar la capital

Al culminar el desfile, los soldados rompieron la formación para buscar donde saciar su hambre. Fue entonces cuando un numeroso grupo de zapatistas y villistas ingresó al ostentoso restaurante de la Casa de los Azulejos, que había funcionado como un exclusivo Jockey Club para la élite porfiriana. Los campesinos, sentados en las refinadas mesas de mármol, solicitaron platillos sencillos y tradicionales, como tamales, frijoles refritos, tortillas de maíz, moles y carne asada, todo acompañado de abundante café de olla.
Por su parte, los generales compartieron un banquete formal en el Palacio Nacional, organizado por el presidente interino, donde degustaron caldos tradicionales, guisos locales y postres típicos.
Pancho Villa en la silla presidencial y la foto histórica junto a Emiliano Zapata

Fue en el Palacio Nacional donde ocurrió otro de los momentos más memorables de la historia de México. Mientras los caudillos y sus oficiales recorrían los pasillos del recinto, se toparon con la majestuosa silla presidencial, tallada en madera y recubierta de pan de oro.
En tono festivo, Villa invitó a Zapata a sentarse en ella. Sin embargo, el líder del sur se negó rotundamente, pronunciando las célebres palabras: “Esa silla es muy grande para nosotros; está embrujada, pues el que se sienta en ella se vuelve loco y pierde la razón”.
No obstante, entre risas, Pancho Villa terminó por ocupar la silla presidencial, con Zapata sentado a su lado y otros revolucionarios a su alrededor, una escena capturada para la eternidad por el fotógrafo Agustín Víctor Casasola.
Cómo vivieron los soldados de Pancho Villa y Emiliano Zapata en la Ciudad de México

La ciudad sirvió de albergue a los soldados campesinos durante semanas. La escena resultaba peculiar: rancheros del norte con sus sombreros tipo stetson y campesinos de Morelos con trajes de manta subían a los tranvías eléctricos de la capital.
Muchos de estos soldados jamás habían visto edificios de tal altura, tiendas departamentales o alumbrado público. Fue esta convivencia diaria la que desarmó el mito del “salvaje revolucionario”.
Las tropas entablaron amistades con los capitalinos, asistieron a corridas de toros en las plazas de la época, adquirieron mercancías y deambularon fascinados por la Alameda Central.
¿Por qué Pancho Villa y Emiliano Zapata abandonaron la capital tras conquistarla?

Pese al triunfo simbólico en la capital, la ocupación evidenció que ninguno de los caudillos poseía un proyecto de gobierno con alcance nacional capaz de administrar el Estado central. Además, Villa necesitaba regresar al occidente y al norte con urgencia para enfrentar a los generales carrancistas, mientras Obregón avanzaba desde Veracruz, mientras que Zapata anhelaba volver a Morelos para iniciar la repartición agraria en sus comunidades.
Para finales de enero de 1915, las fuerzas convencionistas habían abandonado la Ciudad de México, y Obregón ocupó la capital el día 28. A su paso, quedó una capital sin un poder político consolidado, lo que facilitó el posterior avance de las fuerzas de Obregón y Carranza.
El legado histórico de la toma de la Ciudad de México

La llegada de Francisco Villa y Emiliano Zapata a la capital representa uno de los episodios más inspiradores de la patria. Aquel diciembre de 1914 fue clave para demostrar que los sectores marginados de la nación hasta ese momento, como obreros, campesinos y pueblos originarios, eran capaces de marchar hasta el centro mismo del poder para exigir justicia, tierra y libertad.
A pesar de que militarmente no lograron retener la capital, se consolidaron como un ícono de la Revolución popular, quedando grabados para siempre en la memoria colectiva.
