Aristóteles, Pasteur y Darwin tenían algo en común con nosotros y con miles de científicos: se preguntaban por el origen de la vida. Aristóteles pensaba que la vida nacía por sí misma, del lodo o de la materia en descomposición, y siglos después el químico Jean-Baptiste van Helmont llegó a publicar una receta para crear ratones con una camisa sucia y granos de trigo. Ambos estaban equivocados, pero abrieron el camino para que investigadores como Louis Pasteur demostraran que la vida solo proviene de vida previa, de microorganismos que viajan en las partículas de polvo.
Hasta que Charles Darwin, analizando y asociando las especies existentes, se hizo la gran pregunta: si toda la vida viene de vida anterior, ¿de dónde salió la primera? Y aquí seguimos, en pleno siglo XXI, sin una respuesta definitiva.
Si no fue por generación espontánea, ¿cómo nació la vida en la Tierra?

Luego de analizar a las especies y entender que todos los seres vivos debían, en su teoría, provenir de una sola forma primordial (o de muy pocas), Darwin se imaginó que esta única especie de origen debía haberse gestado en un caldo de cultivo único, un estanque donde todos los elementos necesarios para la vida estuviesen presentes en el momento justo.
Este estanque ha sido interpretado por los científicos modernos como los océanos y hacia estas inmensas masas de agua han dirigido la mayoría de sus búsquedas. En el año 1953 el investigador Stanley Miller recreó, en una botella de vidrio, las condiciones que se cree que fueron las que hace 3.500 millones de años permitieron el surgimiento de la vida en la Tierra.
En dicho frasco incorporó agua, gas metano, amoníaco e hidrógeno, agregó chispas eléctricas de forma externa, y al cabo de unos días obtuvo una masa extraña formada por aminoácidos y compuestos orgánicos relacionados con las proteínas. Durante mucho tiempo se pensó que esta representación a escala mínima era la respuesta a la gran interrogante, sin tener en cuenta aspectos como la cantidad de dióxido de carbono que existía en el ambiente hace 3.500 millones de años, por lo que hoy el experimento enfrenta críticas severas y dudas importantes.
¿Cuál es la huella más antigua que tenemos de la primera vida en la Tierra?

Las pruebas más sólidas muestran que hace al menos 3.500 millones de años ya existía vida en la Tierra cuando el clima generado por el caos que formó el mundo terminó por calmarse. Investigadores de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA por sus siglas en inglés) identificaron huellas de microorganismos en fósiles de esta época encontrados en Australia Occidental. Los fósiles parecen ser de algas verdeazuladas, como las que hoy se pueden encontrar en diversos océanos. En Groenlandia también se encontraron restos en rocas que parecen indicar que la vida celular ya existía hace 3.800 millones de años. Estos hallazgos nos devuelven a la teoría de Darwin y el estanque, pues al parecer el océano es el mejor hábitat posible para el desarrollo inicial de la vida.
¿Nació la vida en la Tierra en el fondo del océano?

Científicos actuales dirigen sus investigaciones hacia las chimeneas hidrotermales, pequeños géiseres submarinos ubicados en las zonas más profundas del océano, y donde se han encontrado ecosistemas perfectamente formados con especies de organismos extraños como camarones ciegos y gusanos tubulares gigantes. Según los estudios, pero los verdaderos protagonistas son las bacterias y arqueas que viven allí. Estos microorganismos obtienen energía de los compuestos de azufre, y su linaje genético se considera de los más antiguos del planeta. Los gusanos tubulares ni siquiera tienen boca: sobreviven gracias a bacterias que viven dentro de ellos.
La teoría de que la vida inició en estas chimeneas hidrotermales se conoce como “hipótesis del mundo caliente” y es la que más adeptos está ganando en las ciencias modernas. No obstante, algunos eruditos plantean una duda: ¿se originó la vida en estas chimeneas o simplemente migró hasta ellas?
¿Llegó la vida a la Tierra desde el espacio?

Los compuestos necesarios para la vida pudieran no ser originarios de este planeta. Al menos así lo plantean otros investigadores contemporáneos para quienes, si bien la vida no necesariamente vino en un meteorito, los compuestos básicos necesarios para la formación de las primeras moléculas sí. Compuestos que pudieron llegar en los meteoritos y asteroides que impactaron masivamente la Tierra en sus inicios, así como en el polvo interplanetario que flotaba en la superficie.
En función de ello, el bioquímico David Deamer ha extraído de meteoritos compuestos orgánicos que forman membranas parecidas a las celulares; también ha identificado pigmentos capaces de absorber luz, los cuales pudieron ser precursores de la clorofila.
¿Cómo se formaron las primeras células de la Tierra?

La famosa frase de Jurassic Park se ajusta a lo que buscamos. Al menos en la película los científicos tomaron genes encontrados en ámbar y los mezclaron con los de ranas para recrear especies extinguidas, en el caso de la vida sobre la Tierra, el laboratorio fue más grande y complejo.
Algunos científicos señalan que la evolución real pudo venir de la formación de moléculas que se originaron tras la explosión de burbujas de agua oceánica que esparcían hacia el ambiente los oligoelementos esenciales para la vida. Otros señalan que las moléculas hidrófobas podrían haber creado el entorno perfecto para la formación de las primeras células. El problema es que nadie puede explicar de dónde surgen estas moléculas, lo que deja abierta una incógnita fundamental en las teorías actuales sobre el origen de la vida.
Entonces, ¿cómo nació la vida en la Tierra?
Si bien nadie sabe con certeza cómo se originó la vida en la Tierra, “se sabe que hace al menos 3.500 millones de años ya existía y que la investigación continúa. Una teoría que surgió en los años 60 y fue bautizada en 1986 como ‘mundo de ARN’ apuesta por el ARN como esa molécula ancestral. En laboratorio se ha comprobado que ciertas moléculas de ARN pueden actuar como enzimas e incluso copiar fragmentos de otro ARN., quizás pudo generar reacciones que lo llevaron a replicarse mucho antes de que el ADN se formara.
Esta vía de investigación propone que el ARN sería la molécula principal para la vida y que el ADN se formó mucho después de que la vida ya se encontraba en proceso de evolución, pero esta investigación continúa en desarrollo.
